viernes, 29 de agosto de 2008

EL ESPEJO Y EL PEINE


ANTES DE CADA FESTIVAL que se celebra en Prashanti Nilayam, se ha hecho necesario seleccionar y autorizar a ciertos individuos para que sirvan de voluntarios. El objetivo primordial es proveerlos de una oportunidad de adiestrarse en las actitudes de humildad, buena disposición y reverencia que son tan esenciales para la propia felicidad de uno y para la seguridad social. He estado dirigiéndome a las personas seleccionadas cada vez, para que puedan saber lo que se espera de ellas, especialmente del impulso detrás de sus actividades de servicio.
Entre los nueve pasos del progreso devocional, el cuarto y el quinto destacan la actitud de servicio (seva); se hace referencia a ellos como los actos ofrecidos a los pies de Dios (padasevanam), y el sentirse como el sirviente del Señor (dasyam). El servicio es básicamente una actividad que surge del anhelo de ganarse la gracia de Dios. Sólo por medio del servicio puede el hombre lograr el autocontrol, y a través del control de los sentidos, las pasiones y las predilecciones, puede el hombre alcanzar la divinidad. Las cabezas se inflan sólo debido a la ignorancia; si la verdad es conocida, todos los hombres se volverán tan humildes como Bhartrari. Él era un poderoso emperador que gobernaba de un mar al otro; sus decretos no eran cuestionados, su voluntad prevalecía sobre vastas multitudes de hombres. Sin embargo, cuando en un destello supo que la vida no era sino una corta estancia aquí abajo, renunció a su riqueza y su poderío y vistió las ropas ocres de monje errante. Sus cortesanos y príncipes vasallos derramaron verdaderas lágrimas, pues lo amaban y veneraban. Lamentaban que hubiera tomado el raído traje del pobre penitente y viviera de limosnas. "¿Qué preciosa posesión has tirado?, ¿qué triste negocio has hecho?", se quejaban. Pero Bhartrari respondió: "Amigos, he hecho un trato muy provechoso. Este traje es tan precioso que aun mi imperio es poco pago a cambio". Ésa es la medida de la grandeza del camino espiritual que lleva a Dios. El espíritu de sacrificio es el equipo básico del servidor. Sin la inspiración del sentido de sacrificio, su servicio será hipócrita, un ritual vacío. Inscriban esto en su corazón, inscríbanlo profunda y claramente. Hay cuatro modos de escribir, dependiendo del material sobre el cual se haga. El primero es escribir en el agua; éste se desvanece ya mientras se mueve el dedo. El siguiente es escribir en la arena. Es legible hasta que el viento lo borra. El tercero es la inscripción en rocas, que dura por siglos, pero también es corroída por las garras del tiempo. La inscripción en el acero puede resistir al toque del tiempo. Tengan esto inscripto en su corazón: el axioma de que "servir a otros es meritorio, hacer daño a otros o permanecer insensible e inactivo cuando otros sufren, es pecado". Esta vez no les estoy dando ninguna insignia para llevar, pues una insignia en la camisa es una distinción que deben ganarse y no un adorno que deben ostentar.
Dios es amor y puede ser ganado sólo por medio del cultivo y el ejercicio del amor; no puede ser atrapado por ningún truco. Él da la gracia sólo cuando sus mandamientos son seguidos, mandamientos de amar a todos, de servir a todos. Cuando ustedes aman a todos y sirven a todos, se están sirviendo más a ustedes, a quienes aman más, pues la gracia de Dios los envuelve entonces y quedan fortalecidos más allá de toda experiencia anterior. Si yo les prendo la insignia en su ropa, pronto la desprenderán; cuando sea quitada de la camisa, se sentirán liberados de la obligación de amar y servir. Están desempeñando sólo un papel temporal en un drama, poniéndose y quitándose la insignia. En este pueblo había un joven, una vez, que actuaba en el papel de un emperador en un drama popular, escenificado en un día sagrado en el templo. El telón fue bajado con la salida del sol, pero él no quería quitarse la corona de la cabeza; insistía en que todavía era emperador. Continuó ordenando a sus súbditos durante meses; ordenó a sus parientes que ejecutaran a este hombre un día y a ése otro día, y él mismo murió de fiebre alta muy pronto. Esto era demencia. Pero hay un modo de sano comportamiento, el de desempeñar el papel correcto. Lleven la insignia invisible de un voluntario de Dios a todas horas y en todos lugares. Hagan que todos los días de la vida sean una ofrenda continua de amor, como una lámpara de aceite que se agota iluminando los alrededores. Sometan el cuerpo, corrijan los sentidos y terminen con la mente, ése es el proceso para lograr la condición de "hijo de la inmortalidad" que las Upanishads han reservado al hombre.
Dios es la personificación de la dulzura. Alcáncenlo ofreciéndole a Él, que reside en todos, la dulzura de que los ha provisto. Trituren la caña en el molino del servicio, hiérvanla en el caldero de la penitencia, blanquéenla limpiándola de toda ansiedad sensual, y ofrézcanle a Él el azúcar cristalizado del amor compasivo.
El hombre es el más noble de todos los animales, el producto final de incontables edades de evolución, pero no se está esforzando conscientemente para vivir de acuerdo con su herencia. Los animales celebraron una conferencia mundial para tratar acerca de la legitimidad de la proclamación del hombre por sí mismo como la cumbre de la creación y el monarca de todo lo que camina sobre la tierra. El león presidía las sesiones. El tigre cuestionó los derechos del hombre, y el leopardo lo secundó en su enérgica protesta. Lanzó un devastador discurso condenando al hombre: "Él es una constante amenaza para los animales en todas partes. Elabora y bebe alegremente venenos que lo intoxican y está orgulloso de su necedad. Engaña a sus propios congéneres y gasta todas sus energías y recursos en inventar armas diabólicas para destruir a sus hermanos y hermanas. Azuza a perros y caballos a correr con prisa desesperada y apuesta y pierde sus ingresos mientras ellos galopan y corren en las pistas. El hombre es cruel, codicioso, inmoral, insaciable y cínico. Da un mal ejemplo al mundo animal. Aunque está dotado con inteligencia y emociones elevadas, su conducta es detestable y degradante. Nosotros no sabemos si obtendremos nuestra próxima comida y en dónde, no tenemos un lugar seguro para descansar; no tenemos con qué envolvernos más que nuestra piel, pero aun así, el más pequeño de nosotros es mucho mejor hijo de Dios que ese monstruo llamado hombre", concluyó.
El zorro se alzó y dijo: "Nosotros tenemos una época para aparearnos, pero el hombre, me da vergüenza decirlo, ha roto toda regulación y no desea tener la menor restricción. De eso hace una ley para sí mismo y un desastre para los demás".
Entonces se levantó el león para hacer un resumen de los argumentos. Expresó su acuerdo con la tendencia general de las diatribas contra el hombre provocadas por su inmerecido reclamo de superioridad, pero rechazó que todos estuvieran cortados por la misma tijera. Él distinguió entre los hombres que eran bestiales y aquellos que vencían su parte animal mediante el adecuado uso de sus dones especiales de discernimiento y desapego. "Estos últimos dijo deben ser reverenciados por todos los animales como maestros, mientras que los otros sólo merecen una severa represalia y condena".
Cada uno de ustedes ha luchado por subir desde la piedra hasta la planta, de la planta al animal, del animal al hombre. No resbalen de nuevo hacia la bestia; elévense cada vez más alto, hacia la divinidad, brillando con la nueva refulgencia del amor. Lo Divino es la energía que anima, él impulso que hace circular la sangre en sus venas, que transmite conocimientos y experiencia por medio de los nervios, que correlaciona y recolecta las impresiones que sus sentidos reúnen, las conclusiones a que su inteligencia llega. Manténganse en línea con lo Divino por medio del amor, la verdad y la bondad.
Hoy en día hay un inevitable par de accesorios en los bolsos de las damas y aun en los bolsillos de los hombres: un espejo y un peine. Temen que su encanto esté en peligro si su pelo está un poco desarreglado, o cuando su cara revela manchas de polvo; así, tratan de corregir la impresión de inmediato. Estando tan preocupados acerca de este encanto personal tan fácilmente deteriorado, cuánto más deberían estar realmente preocupados por el polvo de la envidia y del odio, las manchas de orgullo y maldad que profanan sus mentes y corazones. ¡Tengan un espejo y un peine para este propósito también! Tengan el espejo de la devoción para juzgar si están limpios, brillantes y hermosos; tengan el peine del conocimiento (pues la sabiduría ganada por el discernimiento endereza los problemas, disuelve los nudos y suaviza los enredos) para controlar y enfocar los sentimientos y emociones que están locamente dispersos en todas las direcciones.
Lo que sea que hagan, dondequiera que estén, recuerden que yo estoy con ustedes; esto los salvará del engreimiento y del error. Esto hará que su servicio sea merecedor de las personas a quienes sirvan.

SAI BABA
Prashanti Nilayam
28 vI 69

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