martes, 30 de septiembre de 2008

LA FRUTA MADURA


LA PAZ O LA CONFUSIÓN, la calma o la ansiedad que uno obtiene es el fruto de los pensamientos y acciones de uno. Depende de la propia actitud y del comportamiento con uno mismo y hacia los demás. Son muchos los que adoptan el proceso de la meditación para lograr calma y paz internas. Creen que la meditación regular sobre el nombre y la forma de Dios aquietará las agitaciones de su corazón y abrirá el camino para la realización interna.
Pero la meditación no debe vacilar u oscilar entre un ideal y otro. No debe ser reducida a una mera fórmula mecánica de un texto, un programa rígido de respiración alterna, un mirar sin significado la punta de la nariz. Es una disciplina rigurosa de los sentidos, la corriente nerviosa y las alas de la imaginación. Es por esto que se dice que la meditación es el valle de la paz que queda del otro lado de una enorme cadena de montañas con los picos de los seis enemigos del hombre. Éstos son la lujuria, la ira, la codicia, el apego, el orgullo, el odio. Tiene uno que trepar la montaña y llegar a la llanura del otro lado. Hay que desgarrar los velos para que la luz pueda brillar en el camino; hay que remover la catarata del ojo para que la verdad pueda ser vista. Maya es el nombre de esta niebla de ignorancia que atormenta a la mente que busca hundirse en las profundidades del Ser.
Esta niebla es la confusa aglomeración de tres cualidades (gunas) que rompen la ecuanimidad primigenia del universo: la blanca (la sátvica), la roja (la rajásica) y la negra (la tamásica); lo no afectado, lo activo y lo inerte, los desapegados, los apasionados y los perezosos. La cortina de maya hecha de estos tres hilos debe ser o bien puesta a un lado o bien desgarrada o levantada para que la realidad pueda revelarse. El sendero de la devoción (bhakfimarga) la levanta, pues Dios, que la ha bajado, tiene la compasión para levantarla para ustedes. El sendero de la acción (karmamarga) la desgarra por medio de la actividad enfocada a romper los hilos de la trama. El sendero de la sabiduría (jñanamarga) la hace a un lado, pues se mueve como si ella no existiera realmente, como si fuera una mera ficción de la imaginación. ¡Y desaparece, probando que su argumento es válido!
Algunas personas niegan la existencia de Dios porque se pierden de su presencia debido a la miopía que los aflige; cuando un diestro cirujano ocular corrige el defecto, pueden fácilmente ver por sí mismos la omnipresente evidencia de su gracia y majestad. La amalgama de los tres gunas o cualidades antes mencionados, cuando se extiende como un impedimento a la clara visión, hace al hombre titubear, sentir que una cosa es ostensiblemente la otra, y esconde la verdad, dándole todos los matices u horrores de la falsedad. La mente es el instrumento interno usado por maya para engañar y confundir. Bajo su influencia, la mente salta de una fantasía a otra y nunca descansa sobre lo que sea en que esté reflexionando. Mantiene a la mente siempre pendiente de los objetos externos; se resiste al viaje hacia adentro del intelecto, al proceso de autoexamen y autodisciplina. Pero una vez que, por medio de la meditación, el hombre tiene éxito, no importa cuán pequeño sea, en liberar su mente del control de maya, el camino está libre para la iluminación final.
La meditación es la disciplina mediante la cual se entrena a la mente en el análisis y la síntesis internos. La meta de la meditación es el Uno en el cual todos los yoes son sintetizados en sus formas más puras. Ese Uno es descrito en el Gita como provisto de ocho atributos: es kavi (conocedor del pasado, presente y futuro), puranam (eterno en su origen), anushasitaram (más allá de las normas), anoraniya (más diminuto que lo más diminuto), sarvasya dhata (en la base de todo), achintyarupa (de forma inexplicable), adityavama (refulgente) y tamasa parashat (más allá de la oscuridad). Ésta es una tarea que puede ser llevada a cabo únicamente por medio de una meditación incesante.
Por otra parte, la meditación y el control de los sentidos deben andar juntos. Los sentidos bloquean el camino hacia la puerta del cielo; no se le debe dar rienda suelta a ninguno de ellos. En la actualidad, algunos propagandistas del yoga diluyen tanto las disciplinas, que predican plena libertad de los sentidos junto con la meditación; temen perder su clientela y sus ingresos si insisten en tareas difíciles. El yoga es definido como el control de las divagaciones de la mente (chita vriti nirodhah); ¿cómo pueden entonces practicar yoga si dejan suelta su mente para jugar sus travesuras y trastadas? Descarría al hombre hacia la selva de los deseos y lo hunde en la persecución del placer, llevándolo fuera dé sí mismo.
La primera lección del yoga es vencer a la lujuria o deseo (kama). La voluntad debe ser moldeada en un instrumento para la acción beneficiosa y la acción debe servir a la necesidad de ganar la sabiduría que confiere, en un destello, la conciencia de la realidad. La madre no puede moverse por la casa haciendo las tareas diarias de lavar y cocinar mientras el niño está llorando en la cuna; ella debe hacerlo dormir como primera tarea para que pueda atender al trabajo más importante. Así también, deben poner a la mente fuera de acción antes de que puedan viajar al reino que está más allá de la dualidad.
Mantengan el nombre de¡ Señor siempre radiante en su lengua y en su mente; esto mantendrá las travesuras de la mente bajo control. Cuando la lámpara se mantiene encendida, la oscuridad no se atreve a envolverlos. Se dice en el Gita que cuando la palabra Brahman, o sea Om, es pronunciada por los moribundos con el último aliento, alcanzan a Brahman. Pero ustedes podrán pronunciarla sólo cuando hayan estado morando en el Om durante todos los años de su vida. La mera pronunciación del Om al momento de la partida no salvará; el Om final debe ser la flor que se abre en la planta trepadora de la vida, que se ha ido enredando con Dios durante todos sus años. Esto en el Gita se llama rajavidya, es decir, el camino real para el éxito espiritual. También se le dice rajaguhyam, "el misterio real", una enseñanza que debe ser impartida después de largos ejercicios preparatorios, de maestro a discípulo, en una atmósfera seria y sincera. No fue cantado en versos; era dado como una lección en prosa. Fue Vyasa el que la escribió en forma versificada.
El Gita enseña el proceso de la meditación en cortas y nítidas fórmulas: "¡Mantenme en tu memoria y lucha!" La orden de librar la batalla de la vida con Dios en la conciencia como auriga no es una orden sólo para Arjuna; es una prescripción para toda la humanidad. ¡Fija tu mente en mí y lucha! "Yo seré la voluntad detrás de tu voluntad, el ojo detrás de tu ojo, el cerebro dentro de tu cerebro, el aliento dentro de tu aliento". La lucha es mía, el poder es mío, los trabajos y triunfos son míos, los frutos de la victoria son míos, la humillación de la derrota es mía; tú eres yo y yo soy tú. Ésa es la consumación de la meditación: la identidad a través de la negación de la diferencia.
¡Conmigo en la memoria siempre! No distingan esta actividad como canto devocional, esa otra como el comer, aquella otra como adoración a Dios; todos los actos son adoración, pues el alimento es dado por El, El lo come para su bien para darle fuerza a su trabajo. Cada momento es valioso pues El es quien lo da, El quien lo utiliza, El quien lo llena, El quien lo moldea, El quien lo culmina. Si El está infundido en cada aliento, pueden lograr la soberana tarea de fundirse en El. Tienen la fuerza; el Alma no puede ser alcanzada por los débiles; mientras la fuente de poder no esté en ustedes, no sea toda ustedes, serán debiluchos, incapacitados para la suprema aventura.
La recordación puede estabilizarse solamente cuando están libres de las ataduras del rencor y la envidia, sin rasgó de orgullo o envidia, maldad u odio, egoísmo o engreimiento; ésta es la manera de mantener limpio el corazón para que Dios se instale en él. El dolor los afecta porque sienten que merecen alegría y no la obtuvieron; pero hay un dispensador imparcial de alegría y aflicción que les da lo que necesitan de preferencia a lo que desean. Pueden necesitar el tónico de la trage,4¡, para ponerlos en el camino de la recuperación. El compasivo Uno, el eterno Omnisciente Dios, lo sabe mejor. Reciban la desgracia y luchen hacia adelante, con la coraza de la divina memoria. Como todos los ríos que se apuran hacia el mar, dejen que sus imaginaciones se vayan encaminando hacia Dios. El drama es su om; el papel que les toca es su don; las líneas son escritas por ÉI; 7I dirige, diseña los trajes y la decoración, decide el gesto y el tono, la entrada y la salida. Deben actuar bien su parte y recibir su aprobación cuando cae el telón. Gánense, por su eficiencia y entusiasmo, el derecho a desempeñar papeles cada vez más elevados; ése es el significado y propósito de la vida.
No se apeguen demasiado al mundo y no se enreden demasiado en sus embrollos. Mantengan sus emociones siempre bajo control. Las olas agitan solamente las capas superiores del mar; en lo profundo, todo es calma. Así también, cuando se hundan en sus profundidades, deben estar libres de la agitación de las olas. Sepan que la mayoría de las cosas no son de valor duradero y, por lo tanto, pueden hacerse a un lado; agárrense a la sustancia sólida únicamente. Usen su discernimiento para descubrir lo que es escoria y lo que es oro.
La recitación del Om (Pranava japa) y la meditación sobre esta sílaba mística los ayudarán a calmar las agitadas olas. El Om es la suma de todas las enseñanzas de los Vedas acerca de la Divinidad y de todos los sistemas de adoración de lo Divino. "Om, esa sola sílaba, es Brahman" (Om ithi ekaksharam Brahma). El Om está compuesto de tres sonidos: la a que surge de la región del ombligo, la u que fluye por la garganta y la lengua y la m que termina en los labios cerrados. Debe ser pronunciado elevando la voz en un crescendo lo más lentamente posible y bajándola lentamente, hasta que después de la m haya un eco del silencio que reverbera en la cavidad del corazón. No lo hagan en dos etapas, argüyendo que su aliento no durará tanto tiempo. Perseveren hasta que puedan ser reanimados por la curva ascendente y descendente y el silencio que le sigue. Esto representa la vigilia, el sueño, el sueño profundo y el cuarto estado más allá de estas tres etapas. Representa también la flor de la propia individualidad creciendo hasta llegar a ser una fruta que se va llenando del dulce jugo de su propia esencia interna y, finalmente, la liberación final del árbol.

SAI BABA

Prashanti Nilayam
9 VI 70

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