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domingo, 28 de septiembre de 2008

¿UNA ESCUELA PARA LA HIPOCRESÍA?



¿PARA QUÉ ES LA escuela? ¡Para hacer humano al hombre! El hombre tiene en sí ciertos atributos específicos que deben ser desarrollados y promovidos para que pueda elevarse a su estatura plena. Si éstos son ignorados o dejados sin cultivar, él existe sólo al nivel animal. Sólo la disciplina puede hacerlo crecer dentro de su auténtico linaje. El animal es transformado por la escuela en un hombre, o así debería ser.
El maestro es el bien más importante de la escuela. Los ladrillos y el cemento no hacen una escuela eficiente y útil. Ni los libros de la biblioteca ni los aparatos del laboratorio son tan esenciales. El maestro hace o deshace la escuela. Él es todos los libros que ustedes necesitan; él es el aparato más deseable. Él forma los modales, el comportamiento, las actitudes y hasta los prejuicios de los alumnos bajo su cuidado. Así, su responsabilidad es grande, más de lo que él tiene conciencia. El maestro se dedica a una gran práctica espiritual cuando inicia su profesión. Él mismo debe ser lo que aconseja a sus alumnos que sean.
Las tiernas mentes son fácilmente moldeadas por su ejemplo. Si el maestro habla en contra del cigarro, debe dejar de fumar; si insiste en la puntualidad, él debe entrar a clase a la hora. Él está bajo el más riguroso escrutinio en todo momento. Cualquier mal comportamiento suyo se vuelve pasto de las habladurías; se discute en cien hogares el mismo día. Debe ser prudente y discreto durante todas las horas del día.
Un esfuerzo paciente y una constante persistencia son indispensables para los maestros. Su tarea es de importancia básica para la nación. Las mentes de los niños son inocentes, tiernas y puras. La planta de calabaza crece torcida si se la deja sola, por eso los jardineros le amarran una piedra en el extremo y el peso la hace crecer derecha a medida que va siendo más y más larga. Las mentes de los niños y jóvenes son muy susceptibles de crecer torcidas bajo la influencia de las películas vulgares, la vacía atmósfera hipócrita creada por los mayores, el atractivo del oropel y el encanto de lo artificial y un erróneo sentido de aventura y fama. Así, las escuelas deben amarrar la piedra de la disciplina para hacerlos crecer rectos y puros.
¡Pero la piedra no debe ser demasiado pesada, no vaya a ser que rompa la calabaza! Eviten los extremos en todo momento, en todos los casos. Las reglas disciplinarias deben ser bien pensadas y adaptadas al grupo de edades que desean corregir. Debe crearse una atmósfera que propicie que la obediencia a la disciplina surja automáticamente del corazón. Una disciplina así formará buenos líderes para la nación. Al contrario de la generación presente de dirigentes, éstos podrán inspirar y guiar a la gente por el buen camino. Deben ser también buenos seguidores; los buenos soldados hacen buenos generales. Los jóvenes aprendices de la paz se vuelven pilares de la paz, campeones de la paz. Regulen !os hábitos alimenticios de los niños; el alimento determina en gran medida la salud y la inteligencia, los sentimientos e impulsos. Pongan límites a la calidad y a la cantidad de alimentos así como al número de veces que se deben consumir y el horario. La recreación también debe ser moral y edificante, en compañía de hombres rectos y temerosos de Dios.
Ahora, el verdadero propósito de la escuela es ignorado por padres y maestros. Los padres desean que sus hijos e hijas obtengan un grado universitario por cualquier medio porque es un símbolo de su posición. Los maestros desean que un alto porcentaje de sus alumnos pase los exámenes sin que les den ninguna molest¡a durante la enseñanza o, mejor dicho, durante la no enseñanza. Cada estudiante es un valioso tesoro confiado al maestro. Debe ser muy honesto en el desempeño de sus deberes pues, recuerden, su ejemplo tiene mucha influencia sobre sus alumnos. Déjenme mencionar ahora un punto, que aunque pueda parecer pequeño, tiene profunda repercusión sobre su actitud y sobre los muchachos. Ahora, cuando el maestro pasa lista, con el registro de asistencia delante de él, no pronuncia el nombre de cada niño; usa números. Y ellos responden con un «sí". Deben llamarlos por su nombre, ya que los números esconden y menosprecian sus individualidades específicas; los moldean en una uniformidad muerta. No son prisioneros o policías que deben suprimir su individualidad y ser conocidos sólo por números.
La oración es una cosa que debe ser incluida en el programa. El silencio es valiosísimo y se les puede pedir a los niños que lo practiquen. Vean también que no se agiten o depriman mucho. El péndulo empezará a balancearse sólo cuando el reloj esté en punto. Ayúdenlos a mantener sus deseos bajo control, no los aviven. Los mayores, políticos, líderes y maestros no deben inflamar sus pasiones y esclavizarlos bajo la ira y la pasión, como lo están haciendo ahora, a cada provocación y a cada momento.
Amo a los estudiantes; derramo amor y gracia sobre ellos. No deben salir de la clase para correr detrás de los políticos que los engatusan a entrar al campo de la agitación. Cuando claman por derechos, deben también estar dispuestos a cumplir con sus obligaciones. Terminen sus estudios; desarrollen la destreza para distinguir entre lo bueno y lo malo, y entonces hagan planes para obtener lo bueno y evitar lo malo. Si, por el contrario, se lanzan a las calles detrás de líderes que los utilizan para sus propios fines, están haciendo daño a sus carreras y dañando a la política también. Imaginen también la agonía de sus padres, que construyen castillos de esperanza y viven precariamente para que sus hijos puedan estudiar y ganarse la vida.
Ahora los maestros están preocupados únicamente por el porcentaje de aprobados; por eso sólo enseñan a responder las preguntas que suponen van a aparecer en el examen. Es todo un juego de azar. Los temas del programa no son enseñados completamente y bien; los alumnos olvidan lo que han aprendido para la ocasión; y no están mejor aún si se declara que han "pasado". Sus cerebros quedan vacíos una vez que han vertido el contenido en las hojas de respuestas.
A las materias se les diseñan programas apropiados de estudios, porque éstos son implementos útiles, adiestran los procesos de pensamiento, ayudan a aprender más. Es por esto que están incluidos en el currículum, y cuando se otorga la nota, se cree que el estudiante domina esos temas. De modo que los maestros engañan al público si no enseñan toda la materia y los estudiantes engañan al público si no imprimen las materias en sus mentes para que estén siempre disponibles para ser usadas.
Alienten a los estudiantes para que escriban a sus padres acerca de la escuela y de su progreso; los padres deben mantener contacto con los maestros y el proceso de enseñanza y las condiciones de la escuela. Esto ayudará a corregir los defectos a tiempo y en su totalidad. Otra sugerencia: no mantengan a los jóvenes inactivos y desocupados. Cada segundo es un don precioso, el tiempo bien usado es como un alimento bien digerido: sostiene y fortifica.
Los padres deben ellos mismos observar las reglas estrictamente. Tomen el caso de un ingeniero que pertenezca a una de las castas, y cuyos hijos estén en el colegio. El hijo tiene derecho a una beca sólo si el padre tiene un ingreso de menos de 500 dólares al año. El padre prueba toda clase de tretas y finalmente obtiene una dispensa que diga al colegio que las reglas no son aplicables en su caso. ¡Puede que el hijo obtenga la beca, pero, qué lección de moral!
Se debe enseñar a los estudiantes la igualdad de todas las religiones. Yo estoy haciendo arreglos para la escenificación, en el Colegio Sathya Sai de Artes y Ciencias para Varones en Kadugodi, de una obra basada en el incidente del Mahabharata en el cual Ashwatama asesina a los pequeños hijos de los Pandavas. En esa obra, quien hace el papel de Krishna es un musulmán; Bhima y Arjuna son cristianos: cada uno de nosotros está desempeñando un rol en este Gran Drama, algunos como hindúes, unos como musulmanes, otros como cristianos... no importa el papel, el individuo debe aparecer con el traje apropiado, repetir los parlamentos, moverse y hacer las entradas y salidas que se le indiquen.
Si una escuela tiene mala disciplina, si sus estudiantes son descarriados y llevados hacia la agitación por líderes egoístas, la falla está en los padres, los mayores y el comité administrativo. El comité, a menudo, no es sino para "tomar el té". Yo sugiero que se lleven a cabo graduaciones en cada colegio para entregar los diplomas a los egresados de esa escuela; esto evitará la confusión de las graduaciones globales, una cosa que entristece a todos. Amigos y padres pueden asistir a éstas más pequeñas y alentarlos, y otros alumnos del colegio podrán inspirarse de ellas.
Ustedes saben que cuando necesitan dinero pueden girar cheques contra un banco, siempre que tengan suficiente dinero depositado allí. Si el banco quiebra, será un desastre. El sistema educativo es el banco contra el cual la nación gira un cheque cada vez que desea trabajadores adiestrados y confiables. Si quiebra, como casi ha pasado ahora, es un desastre nacional. Si el sistema es reparado y ajustado, la próxima generación estará segura de tener buenos líderes y, lo que es igualmente esencial, buenos seguidores.
Voy a contarles un incidente que sucedió en el Instituto Sathya Sai, para que puedan tener idea de la clase de cambio que yo anhelo. En los exámenes públicos llevados a cabo en este Colegio, que es uno de los Centros, en el momento en que recibieron los cuestionarios, los candidatos se levantaron como un solo hombre. Los supervisores se sorprendieron y algunos de ellos incluso tuvieron miedo de que estuvieran tratando de crear una escena y protestar contra el examen, pero ellos se habían levantado únicamente para hacer un minuto de oración en silencio... un hábito muy ennoblecedor y fortalecedor.
Los colegios no deberían competir entre sí por el número de estudiantes. La calidad, y no la cantidad, debe ser la meta. Un número más pequeño asegura una mayor atención individual, una disciplina más intensa, una mejor enseñanza y un aprendizaje más profundo.


SAI BABA


Escuela Secundaria de Bangarpet Venkatagiri
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