domingo, 7 de diciembre de 2008

LA NAVIDAD ESOTÉRICA




Es indudable que los muchos millones de cristianos por todo el mundo saben que el 25 de diciembre representa la fecha tradicional para la celebración del nacimiento de Jesús. Deben ser muy pocos quizás los que saben que esto no siempre ha sido así. De hecho no llegó a ser una fecha aceptada para las festividades de Navidad sino hasta cerca de mediados del siglo IV DC. En su libro titulado “Cristianismo Esotérico”, la Dra. Annie Besant , quien fuera presidente de la Sociedad Teosófica Internacional por más de un cuarto de siglo hasta 1934, cita a Williamson Gibbons, autor de “El Ocaso y la Caída del Imperio Romano” y a numerosos otros autores con respecto a este interesante tema. De aquí he conseguido los siguientes hechos que debieran ser de interés para todos los que celebran la festividad de la Navidad. En verdad, también otras gentes espirituales que consideran que la Navidad le pertenece únicamente a los cristianos, también podrían sentirse inclinados a celebrar el 25 de diciembre cuando conozcan su verdadero significado e implicaciones.
Al no saber la fecha exacta del nacimiento de Jesús y encontrando que era imposible determinarla, los cristianos de los primeros siglos eligieron cualquier fecha. Se dice que más de un ciento de fechas fueron elegidas por las sectas de la iglesia cristiana – fechas en septiembre y agosto, febrero, marzo, junio y julio fueron elegidas por diferentes grupos en distintos países. Tal vez no era muy importante, pero era mejor que todos celebraran una misma fecha. Fue así que en el año 337 DC, el Papa Julio I, residente en Roma, decidió el 25 de diciembre para que todos los cristianos celebraran el nacimiento de su Salvador y líder Jesucristo. Para ese tiempo, casi la mitad de los habitantes de Asia Menor, Europa y el Norte de África se habían hecho cristianos, en tanto que otros retenían sus antiguas religiones, en especial la de la antigua Grecia. Alrededor de esa época o algo antes, el cristianismo se había convertido en la religión oficial de Imperio Romano, de modo que le convenía a quienes detentaban el poder o lo buscaban, el adoptar esta nueva religión.
Ahora bien, ¿por qué razón se eligió esta fecha del 25 de diciembre por sobre todas las demás posibles? Debe haber habido seguramente una razón de peso, como de hecho la hubo. La razón viene de muchos siglos antes, de hecho desde tiempos inmemoriales, en verdad se remonta a la adoración del Dios Sol o del héroe solar que reencarnaba cada año en esa fecha. Por supuesto que esto se refiere al renacer del sol en el hemisferio norte. Los hombres sabios de los tiempos antiguos, al igual que los que poseen un saber esotérico, creían en la máxima : “Como es arriba, es abajo y como es abajo, es arriba”. Entendían que lo que sucedía abajo en la tierra era, en cierto sentido, una sombra de sucesos más importantes allá arriba. Así como ustedes y yo, al tener cuerpos tridimensionales proyectamos una sombra bidimensional, así los eventos en el multidimensional mundo espiritual superior, proyectan sombras tridimensionales aquí en la tierra. Nos referimos aquí al renacer del sol físico el 25 de diciembre y al renacer paralelo del héroe solar – uno trayendo la luz terrenal y el otro, la Luz espiritual.
A medianoche del 24 de diciembre, conocida como el solsticio de invierno en el hemisferio norte en donde tiene sus raíces nuestra cultura, renacía súbitamente el sol el que parecía estar cerca de abandonar la tierra para siempre, después de haber ido declinando paulatinamente por seis meses. El sol reencarnado se elevaba sobre el horizonte oriental, avanzando por el medio de la constelación de Virgo, situada justo por encima del horizonte. De modo que era en la mañana del 25 de diciembre que el sol renacía a través de una virgen. Este era el gran y maravilloso evento para la tierra aquí abajo. Mas, para el mundo de arriba, había un evento paralelo, aún mayor. Para los sabios entre los antiguos al igual que para los esotéricos modernos, un sol salvador y dador de vida es el cuerpo del espíritu conocido como el Logos. El diccionario nos entrega dos significados para este término – uno es el Hijo de Dios y el otro, la Palabra de Dios. Es el Hijo de Dios, ya sea que se le considere un Mensajero o un Avatar, el que le trae al hombre la sabiduría de Dios en palabras. El recién nacido sol físico es, en un comienzo, un débil infante. Parece luchar en contra de la oscuridad, que es predominante mientras las noches sean más largas que los días, y esta valiente brega del juvenil sol continúa hasta que alcanza la línea del equinoccio de primavera. Cuando la cruza, se dice que es crucificado y se levanta triunfante para hacer madurar el grano y las frutas, trayéndole de esta manera el calor y el sustento a las criaturas de la tierra. Su ascensión dadora de vida hacia los cielos continúa hasta el solsticio de verano en junio, entonces comienza su declinar de seis meses hasta el nuevo solsticio de invierno en diciembre.
El Logos u Hombre-Dios que desciende a la tierra para traer la Luz divina y salvar de esta manera al género humano de la muerte espiritual, tiene muchos paralelos en cuanto a nacimiento y vida con su símbolo – el sol físico. Como primera cosa, siempre e inevitablemente nace de una virgen, así como el sol nace en medio de la virgen cósmica. La madre del Hombre-Dios puede no ser una virgen en el sentido fisiológico, mas siempre lo es en el sentido espiritual. Pensemos en algunas de las que nos son conocidas, la Isis del antiguo Egipto era la madre virgen de Horus, uno de los hombres-dioses que trajeran la luz. Devaki, la madre de Krishna era de una pura naturaleza espiritual virginal y en algunos de los relatos del nacimiento de Krishna, se dice que era una virgen fisiológica. La crónica china del nacimiento de Buda sostiene que su madre, Mayadevi, era una virgen pura. María, la madre de Jesús, era una virgen de acuerdo a los relatos bíblicos, y todas las narraciones la muestran como pura y virginal de corazón. Aquellos de nosotros que fuimos afortunados como para haber conocido a Easwaramma, la madre de nuestro Avatar, Sathya Sai Baba, sabemos que era pura y virginal de corazón. Pareciera ser que ninguna de las santas madres del los hombres-dios tenían algún mal karma que afectara sus cuerpos, al llegar a la tierra a través de sus úteros.
Al saber algo de las vidas de los grandes Avatares de la historia, podemos ver con más facilidad a través de ellas el contínuo paralelismo entre sus vidas y la del sol naciente. Ellos también sufrieron, al comienzo de sus vidas, las amenazas de la oscuridad espiritual a su alrededor. Por supuesto que los Avatares no nacen todos los años como el sol físico, pero reencarnan al final de un año cósmico, cuando la luz espiritual se desvanece y el poder de las tinieblas está cercano a eliminar las últimas trazas de espiritualidad en el corazón de los hombres. Entonces, en la niñez del joven Avatar, continúa el paralelo con el sol. Su vida aún es amenazada por el poder de la tiniebla. Sabemos que las amenazas al joven Krishna por parte de su malvado tío Kamsa estaban allí desde el comienzo mismo de su vida y que continuaron durante su niñez. Sabemos que, cuando supo del nacimiento del niño Jesús, el príncipe de las tinieblas, el Rey Herodes, habiendo oído la profecía que este niño sería una amenaza para su trono, hizo matar a todos los niños varones nacidos en Israel más o menos en la misma fecha, para asegurarse de haber eliminado cualquier amenaza a su poder. Mas un mensajero angélico había prevenido a los padres y estos se llevaron al niño a Egipto en donde vivió hasta que despareciera el peligro que se cernía sobre su vida. También sabemos como las fuerzas de la oscuridad actuaron a través de ciertos aldeanos ignorantes y equivocados, para eliminar al pequeño Sathya Sai por medio de veneno y de fuego.
Mas, ¿se reconoce este interesante y extraño paralelo con la vida del sol también en los muchos héroes solares que han venido durante eras pasadas a ayudarle al género humano? Annie Besant señala que es así y que la similitud en los patrones de sus vidas es demasiado grande como para ser considerada mera coincidencia. Hoy en día, por supuesto, no pensamos en un héroe solar, un salvador, como era llamado, nacido cada año durante el solsticio de invierno, como lo hacían tal vez algunos de los pueblos antiguos. Mas es bastante raro que, en un sentido metafórico, pensemos en que él nace cada Navidad. Como lo señala Rudolph Steiner, en algunos de los villancicos que entonamos, decimos “Cristo ha nacido hoy en la tierra”, “Hoy los ángeles se regocijan y cantan tanto en la tierra como en el cielo”.
Quizás en eras pasadas muchos de los antiguos pueblos celebraban el 25 de diciembre [El solsticio, por supuesto, ya que la fecha de diciembre corresponde recién al calendario Gregoriano, establecido por el Papa Gregorio XIII -1572/1585- para reemplazar al Juliano por el que se marcaban previamente los meses del año, en tanto que solsticios y equinoccios se calculaban y celebraban prácticamente desde la Edad de Piedra – N. de la T.], no debido a que naciera un nuevo héroe solar, sino para alegrarse por uno nacido en años anteriores. Los pueblos celtas, por ejemplo, solían encender fuegos en las montañas de Escocia y en otros países, para celebrar el solsticio y hacían sonar campanas como señal de regocijo y de gratitud hacia Bael, uno de los antiguos Portadores de Luz. Cuando se convirtieron al cristianismo, los celtas continuaron encendiendo estas fogatas en honor al nuevo salvador y redentor, Jesucristo. ¡Fue muy apropiado el que los líderes cristianos de Roma eligieran esta fecha, en el 337 DC, para celebrar el nacimiento de Jesús! Sin importar en qué fecha hubiera nacido realmente, ¿no era él el grande y más reciente portador de Luz espiritual y, por ende, el Salvador y Redentor del género humano?
Otro de los portadores de Luz o héroes solares de la antigüedad era Dionisos en la antigua Grecia, rebautizado como Baco por los romanos. En la Roma misma, parecía útil y adecuado el que en este día cualquier celebración ritual por parte de los cristianos pasara casi desapercibida y no recibiera ataques de los romanos paganos, que celebraban ruidosamente el nacimiento de Baco, el cual junto con ser un dios solar, era también el dios de los viñedos. Buena parte de la ruidosa celebración y las copiosas libaciones eran muy apropiadas. También los deportes y juegos formaban parte de la celebración romana del nacimiento de Baco. De modo que era seguro para los cristianos el llevar a cabo sus tranquilas reuniones espirituales en ese día. Los cristianos no estaban todavía completamente a salvo de la violencia en la primera mitad del siglo IV DC.
Por lo tanto, los festejos y celebraciones de esta época del año se pueden retrazar hasta los albores del tiempo. Podemos escuchar el tañido de campanas a través de muchos siglos, dándole una dimensión mayor. Junto con esta mayor dimensión en el tiempo, el concepto de Navidad también gana una mayor amplitud. Abarca no solamente el nacimiento de Jesús, sino el de todos los demás portadores de Luz espiritual. Podemos incluirlos a todos, Rama, Krishna, Buda, Sai Baba en sus dos nacimientos (hasta ahora) y a otros a quienes tal vez no conozcamos, en nuestros cánticos de alegría en ese día especial del año, honrado y santificado a lo largo de tantas generaciones de nuestros antepasados y, tal vez por nosotros mismos en anteriores encarnaciones. No necesitamos pertenecer a una denominación cristiana. Ni siquiera tenemos que pensar en nosotros como cristianos para poder abrir nuestros corazones y mentes en unidad con todos nuestros hermanos y hermanas sobre la tierra, y en todo tiempo, y sentir nuestra unicidad con el solo y único Dios, que ha hecho Sus apariciones especialmente compasivas en la tierra, en las múltiples formas y bajo los numerosos nombres que conocemos, y tantos otros de los que nada sabemos.
Sai Baba nos enseña esto al celebrar la Navidad en Prasanthi Nilayam cada año. Y, aunque he pasado la Navidad en muchos países y entre muchas gentes, las pasadas en Prasanthi Nilayam han sido las más espirituales y significativas que jamás haya experimentado. Pensando en la Navidad desde este punto de vista esotérico, nos ayuda a sentir en nuestros corazones espirituales la unidad y el amor en todas las religiones, como Swami nos enseña a entender y aceptar. OM SAI RAM
                                                                                                                            POR H. MURPHET

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