miércoles, 16 de mayo de 2012

ENTREVISTA CON EL DR. BHATT, UN DEVOTO MUY ALLEGADO A SWAMI.




Cortesía de Radio Sai Armonía Global
(Paginas web: radiosai.org y h2hsai.org)

Les presentamos ahora una conversación con el Dr. Bhatt, un Urólogo eminente que presta servicio en el Instituto Sri Sathya Sai de Ciencias Medicas Superiores, Prashanti Gram (Hospital de Alta Complejidad, o así llamado Hospital de Superespecialidades). Conversando con el está el Profesor G. Venkataraman, previo Vice Canciller de la Universidad Sri Sathya Sai.

Prof. G.V.
Tal vez puedas comenzar explicándonos algo acerca de ti mismo, y continuaremos desde ahí.

Dr. B.
Nací el día 21 de Enero de 1921, en Udipi. Mi madre era ama de casa, mi padre fue un cirujano en la Primera Guerra Mundial, en Mesopotamia (zona geográfica entre el Tigris y el Euphrates, lugar de civilizaciones antiguas, parte de la cual ahora es Irak. N. del Tr.). Pero mi abuelo era un sacerdote y un erudito del sánscrito. Era sacerdote en un templo de Kundapur. Mi padre fue ex comunicado por su propio padre, porque después de finalizar su licenciatura en medicina y cirugía en Bombay, se fue a la guerra. Porque se fue al extranjero. ¡Porque cruzó el océano!

Prof. G.V.
De hecho, pudo haber llegado ahí por tierra...

Dr. B.
Por supuesto, pero está muy lejos. Y más lo estaba en aquellos tiempos. Falleció muy joven, a los 38 años de edad. Después de la guerra trabajó durante algún tiempo en Hyderabad. Era un cirujano muy popular en la jerarquía británica.

Éramos siete hijos, y fuimos criados por nuestra madre en la casa de nuestro abuelo. Toda nuestra educación escolar la tuvimos en Udipi. Mi abuelo era el director de la escuela de allá. Luego estudié Medicina en Madrás. Después de mi Licenciatura en Medicina, en 1945, me uní al Colegio Medico Cristiano (CMC) de Vellore, al sur de la India. Allí estuve durante casi 30 años. Cuando me uní a este Colegio Medico, yo era el único indio y no cristiano dentro del personal de la Facultad. Había algunos indios cristianos, y el resto eran todos europeos, americanos, e ingleses. Y nuestra anestesista era una señora rusa.

Hice mi posgraduado en Cirugía allí mismo. Y durante esos 30 años en Vellore pasé por diferentes especialidades, incluyendo la cirugía cardiaca, que por aquel entonces comenzaba en la India por primera vez. Finalmente trabajé en cirugía con Urología como subdivisión. Y después de ello, fueron lo suficientemente amables como para darme un estipendio y enviarme como profesor visitante a la Universidad de Los Angeles, en California (UCLA). De hecho, primero fui a Tokio, pero no me quedé ahí porque no hablaba el idioma. Entonces fui a Los Angeles, y luego pasé por muchos diferentes estados de América. Esto fue durante el 1956/57. Luego fui a Inglaterra y a algunas áreas del Continente, como Dinamarca, Holanda, Suecia...

Prof. G.V.
¡Así que en aquel entonces diste la vuelta al mundo!

Dr. B.
Si. Porque estaba buscando técnicas de cirugía que fuesen practicables en la India. Porque no todo lo que es practicable en Occidente es practicable en la India. Y aquello que es aceptado por la gente, aquí no siempre se consigue. Y aquello que está disponible aquí, no siempre es aceptado. E incluso cuando es aceptado, a veces no se tiene acceso a ello debido al coste, o debido a las supersticiones, o debido al miedo.

Muchos de los procedimientos quirúrgicos mayores de los que se habla ahora, procedimientos nuevos, procedimientos complicados, tampoco están disponibles tan fácilmente en Occidente, no para todos. Pero le gente tiene acceso a ellos debido a que en Occidente tienen este sistema de Seguros. Ahora también esto se ha dificultado. Por lo que tengo entendido, las compañías de Seguros sólo pagan un tanto del coste, el resto lo tiene que pagar el paciente. Así que se juntan tantas cosas...

Prof. G.V.
Estuviste 30 años en Vellore. Con ello llegamos al año 1975…

Dr. B.
Si, en el ´75 me retiré. Entonces me fui a Bangalore, y allí comencé a trabajar otra vez, en el Hospital de Santa Filomena. Tanto mi mujer como yo hemos pasado nuestra vida entera en hospitales de la Misión Cristiana. Desde el año 1945 hasta el año 1991.

Prof. G.V.
¿Influenció ello tu filosofía?

Dr. B.
Mucho.

Prof. G.V.
¿En qué sentido?

Dr. B.
En cuanto al cuidado al paciente. Creo que uno obtiene los mejores resultados si considera que el paciente es, o bien un hermano, o cualquier familiar lejano de uno mismo. Porque en el cuidado medico no pueden haber dos medidas. Ya sea que el paciente es un mendigo o un rey, el cuidado que recibe ha de ser el mismo. Ya sea que le saludes uniendo ambas manos a la altura del corazón, o que le saludes dándole la mano, o de cualquier otra manera, pero el tratamiento medico que recibe es el mismo. En estos hospitales yo vi este tipo de cuidados al paciente. Las enfermeras en esos hospitales realmente trataban muy bien a los pacientes.

Prof. G.V.
¿Piensas que era el espíritu de esos tiempos, o crees que era algo más?

Dr. B.
Creo que era en gran medida el espíritu de la época. Porque yo he visitado esos hospitales periódicamente. Y han habido ciertos cambios. En el hospital donde pasé todos esos años del ´75 al ´91, el Sta. Filomena, las monjas continúan siendo igual. Pero las enfermeras superiores, sabes, ellas estudian enfermería. Hoy día todavía queda algo de ese tipo de cuidados atentos, pero está muy diluido. El cuidado de los pacientes hoy día es altamente profesional.

Prof. G.V.
Este punto que acabas de mencionar me lleva a hacerte una pregunta. Como sabrás, las Ciencias Médicas han avanzado enormemente durante los últimos cincuenta años. Para darte un ejemplo simple, me acuerdo que en los años 50 en la Física se usaba un instrumento nuevo de investigación, la resonancia nuclear magnética. Luego se empezó a usar en la Química. Hoy día seria impensable usarla incluso en la Química. Y mientras la sofisticación medica ha aumentado, la tecnología ha avanzado, los procedimientos se han simplificado y son más bien seguros y absolutamente garantizados etc., - algunas cosas parecen haberse deteriorado. Cómo alguien mencionó recientemente, ya no tratas con una persona. Tratas con un número del ordenador, y con un órgano.

Dr. B.
Es totalmente cierto. Estoy de acuerdo contigo.

Prof. G.V.
¿Crees que esto es una ventaja, o crees que es un deterioro, aparte de los costes y todo eso?

Dr. B.
Pienso que es un deterioro. Porque con toda esta sofisticación los costes han subido mucho, y no están dentro de la capacidad de un gran número de Indios...

Prof. G.V.
Aparte de eso. Cuando vas allí, no eres un ser humano. ¿Acaso no es cierto?

Dr. B.
Si, es cierto.

Prof. G.V.
¿Crees que esto afecta la recuperación del paciente?

Dr. B.
Si, definitivamente la hace más lenta.

Prof. G.V.
¿Puedes contarnos algo de tu propia experiencia, de cómo, con una tecnología inferior, pero con más cuidado humano, los pacientes se recuperan mejor?

Dr. B.
Si el medico le da la impresión a su paciente, de diferentes maneras, de que está interesado en su recuperación, la recuperación es más rápida.

Prof. G.V.
Ya veo. ¿Es esto un hecho indisputable?

Dr. B.
Es un hecho indisputable. No hay duda alguna acerca de ello.

Prof. G.V.
¿Tienes alguna experiencia personal de ello, de la que te acuerdes en este momento?

Dr. B.
Hace algunos años vi a un paciente, un administrador, que venía con un “Dolor de cabeza. Dolor, dolor, dolor todo el rato”. Esto fue en Bangalore, en el Sta. Filomena. Y todas las pruebas que le hacíamos daban negativo, pero su dolor de cabeza seguía empeorando. También aquí hemos tenido casos similares – ¡afortunadamente aquí tenemos a Swami para decirnos cual es la causa! (se ríe)

Y aquel hombre no mejoraba, da igual que medicinas le diéramos. Yo solía atenderle cada día, pasar un rato hablando con el. Le expliqué la historia de Rockefeller. Rockefeller también comenzó en un momento dado a sufrir de unos dolores de cabeza que nada podía aliviar. ¡Finalmente le curó un psicólogo! También el dolor de cabeza de este paciente desapareció. Sin apenas darle medicina alguna. Solamente con Croxin, un analgésico muy suave, muy barato y totalmente inofensivo.

Aquí, en el Hospital General, también tuvimos otro hombre con un dolor de cabeza del cual se quejaba continuamente. La Dra. Hema Gopinath, que es quien le atendía, había llevado a cabo todos los tests posibles, le había dado diferentes medicamentos, pero nada funcionaba. También yo le examine, y no encontré razón alguna para ese dolor de cabeza. Habíamos hecho todo tipo de tomografías y tests. Aún así, su hijo venía a verme y consultarme una y otra vez en mi cuarto. Allí en el Hospital acabo mi jornada medica a la tarde, y luego, al atardecer después del Darshan, ¡la comienzo aquí! (se ríe)

(El doctor suele atender a pacientes también en su casa, después de acabar la jornada  en el hospital. N. del T.).

Le dije que no había porqué preocuparse, ya que todo estaba bien, todos los tests, las radiografías, la presión sanguínea, todo era normal. Finalmente me dije, le voy a mandar a nuestro hospital en Whitefield. Le di una nota de introducción, diciéndole al medico de allá que le hiciera las pruebas allí. Le hicieron todas las pruebas y le dijeron que no tenía nada, y que no necesitaba medicina.

Este hombre regresó al ashram, y me lo encontré y le dije, “Hola Señor, ¿Como está usted?” El no me reconocía. Le dije, “¡Le atendí cada día en el Hospital de aquí!” Me dijo que ya no tenía dolor alguno. Le pregunté si le habían dado alguna medicina y me dijo que no. Se curó debido al interés que los médicos y las enfermeras mostraron por él. Eso ayuda mucho en recuperarse del problema. En todo lo que hagas, ya sea que estés llevando a cabo una operación o que le des medicina a un paciente, lo que es importante es darle confianza.

Prof. G.V.
¿Es eso reconocido por la profesión médica hoy día?

Dr. B.
Si...

Prof. G.V.
¿Pero no se sigue en la práctica?

Dr. B.
Los médicos se han convertido en parte de los tiempos de hoy. La profesión medica se ha comercializado tanto - Por una parte, sabes, el medico puede ganar mucho dinero. Y además a menudo puede escapar de los impuestos. Para qué el medico quiere tanto dinero no lo sabe ni él mismo. Es como una carrera competitiva ciega, sabes. Lo tiene todo, y aún así quiere continuar ganando más dinero.

Prof. G.V.
En el año 1991 viniste a este hospital aquí, en Puttaparthi.

Dr. B.
Si. Eso es otra gran historia. He de explicar cómo llegué a Swami…

Prof. G.V.
¡Por supuesto, eso es lo que queremos oír! ¡Tienes que explicarlo!

Dr. B.
Bien -yo no era un ateo, ni tampoco un agnóstico. En el Hospital de Sta. Filomena y en el Hospital de CMC, a veces, cuando mandaba a algunos pacientes a que se operaran, algunos de ellos me decían, “Primero he de pedir permiso a mi Maestro espiritual”. Yo les decía, “Hazlo, y dame la respuesta dentro del período de una semana, porque no puedes malgastar el dinero así, pasando tanto tiempo en una cama de hospital - y además es una cama que está ocupada”.  Y como mínimo dos personas luego me han enseñado un telegrama, uno de ellos que decía, “Adelante con la operación”, firmado abajo: “Baba”. Y el otro telegrama decía “No hay necesidad de operación. Baba”

Así que yo hice exactamente lo que se me dijo, porque ellos tenían mucha fe. Porque soy de la opinión que el cirujano solo puede cortar. Con todos los adelantos en la Medicina, la curación no esta en sus manos. La curación es una línea directa entre el paciente y su Dios. Toma por ejemplo que hago una incisión en el abdomen, y luego le doy puntos. Hasta hoy no sabemos cómo sucede la curación. El perro tiene una herida, se recuesta en medio de la suciedad y la herida sana. Por otro lado, en el ser humano llevas a cabo una operación bien hecha, limpia, aséptica, y la herida se infecta. No tienes control sobre ello. Así que estoy totalmente convencido de que hay algún Poder Supremo que guía tu mano, o cómo lo quieras llamar. Lo puedes expresar como quieras, le puedes dar el nombre que quieras.

Así pues - yo nunca había visto a Baba, ni siquiera había visto Su imagen, porque no había tenido ninguna oportunidad. Porque yo solía comenzar con mis rondas en el hospital a las 5.30 h de la mañana. Aunque mi casa estaba dentro del recinto del hospital, yo no tenía realmente una vida familiar como tal, porque llegaba a casa a las 9 de la noche, tal vez invitaba a algún cirujano a cenar, y él se quedaba a dormir ahí, mientras yo continuaba trabajando en el hospital. Mi mujer un día me dijo, “Ya no invites a nadie más, porque tú no apareces por casa, y yo soy la que me tengo que ocupar”. Más o menos por aquel entonces fue cuando llegué al Sta. Filomena.

Esto fue en la época en que el Hospital Victoria solo ocupaba a médicos honorarios. Un día el Ministro de Salud me llamó y me dijo, “Tienes que desarrollar el departamento de Urología en el Hospital Victoria”. Porque yo me había retirado del CMC de Vellore tras haber desarrollado el departamento de Urología hasta tal punto que era célebre en toda la India. Así que el Ministro de Salud quería que le ayudara a desarrollar el departamento de Urología en el Hospital Victoria, también. Pero la regla ahí era que no había pago. Solo médicos honorarios. Yo no tenía coche y tenia que ir con transporte público desde Shantinagar, dónde vivía, al Hospital Victoria. Trabajé ahí durante un año o dos, y al mismo tiempo mandé mi solicitud de trabajo al Sta. Filomena, el cual no me admitió. Mientras tanto, llegó el día en que habíamos desarrollado tanto el departamento de Urología del Victoria, que finalmente fue reconocido a nivel nacional.

Entonces, una noche, a medianoche, vi una ambulancia del Sta. Filomena estacionada frente a mi casa, haciendo sonar la bocina incesantemente. Les abrí la puerta y me dijeron, “Doctor, hay un hombre muy importante que ha sido admitido en el hospital, tiene retención de orina. Nuestros urólogos han tratado de ponerle un catéter pero no funciona. No podemos operarlo, tiene más de 80 años y no quiere cirugía. Su familia no quiere”.

Resultó que ese señor era el Maharaja de Cochin. ¡Eso resultó ser el dedo meñique de Dios, trabajando! Fui y le puse el catéter sin problemas. Al cabo de una semana, me llamaron y me preguntaron si quería trabajar allí. Yo les dije, “Previamente les había enviado mi solicitud y no me quisieron. Si piensan que les voy a ser de utilidad, estoy dispuesto a venir. Pero vendré sólo después de dar mis clases en el Victoria”. Así que continué con el proyecto del Victoria hasta que estuvo finalizado, y al mismo tiempo me uní al Sta. Filomena, en donde estuve hasta el año 1991.

Un día, mientras estaba operando en el Sta. Filomena, vino una monja y me dijo que tal y tal medico del hospital de Whitefield ha venido y quiere decirte algo. Era un medico del hospital de Swami, en Whitefield, que estuvo trabajando allí hasta hace unos años, a quien yo por aquel entonces ya conocía. Me dijo, “Sathya Sai Baba quiere verte”. 

Prof. G.V.
¡Eso sí que es inusual!

Dr. B.
En aquel momento a mi no me agitó en lo más leve, porque yo nunca había visto a Swami. Llegamos a Whitefield sobre las tres de la tarde, en su coche. Por aquel entonces todavía estaba el famoso árbol debajo del cual Swami daba el Darshan , y detrás de ese árbol había una casa. Swami estaba ahí. Entré.

Prof. G.V.
¿En qué año sucedió esto?

Dr. B.
Fue en el 1977 o 78. Me preguntó por mi bienestar, por ésto y por lo otro, y luego me dijo: “¿Crees en el vibhuti?”  (ceniza sagrada).

Bien, como te dije antes, no soy muy bueno dando respuestas, y no sabía que decir. Pero dije lo primero que me vino a la mente: “Swami, depende de quién lo da”. Entonces me dio vibhuti y me pidió que viera a un paciente.
 El paciente era Hislop. Me dijo: “Ve y hazle un reconocimiento, y luego dime cuales son tus planes”.

Prof. G.V.
¿Hislop estaba en el Hospital General, en Whitefield?

Dr. B.
Si. Tenía retención de orina, tenía el vientre muy hinchado, y alguien le había tratado de poner un catéter. No lo lograron con uno de goma, y le pusieron uno de metal, que dañó la próstata y sangraba mucho, así que le pusieron un tubo. Y así le mandaron al Hospital General de Whitefield. Lo vi. En esos días, el hospital tenía una sala dos veces igual que este cuarto, y Hislop era el único paciente ahí, tumbado en una cama, en medio de la sala, y nadie que le atendiera.

Así que ya te puedes imaginar. Le pregunté: “¿Quién te esta cuidando?” Me dijo: “Swami me está cuidando”.
“¿Quien va a estar contigo, sobre todo durante la noche?”
“Swami estará conmigo”.
 A cualquier cosa que le decías, el respondía de esta manera. Mira su fe, su entrega a Swami. Le examiné y encontré que había cierto riesgo en operarle. Pero él me dijo: “Usted haga la operación, Swami cuidará de mí”. ¡Ese hombre era realmente osado! Le preparamos para la operación. Había otro devoto de Swami llamado Ramachandra, que trabajaba en el Hospital Victoria como anestesista principal. El nos ayudó en la operación, al igual que algunos otros médicos, incluyendo a la Dra. Rajeshwari, que en aquellos entonces estaba a cargo del Hospital.

Después de la operación, yo solía salir a las 5 de la mañana de mi casa en Shantinagar e iba a Whitefield. Tardaba 47 minutos en llegar. Ahí examinaba su recuperación post operativa y luego regresaba al Sta. Filomena a operar, daba las clases en el Victoria y regresaba a casa de noche. Esa era la rutina diaria.

Esta fue mi primera introducción a Swami.

Luego me mandó a varios devotos, uno a uno. Me envió a la señora de J.R., que sufría de una enfermedad muy seria. Ella no tenía justificación de estar con vida. Esas eran las palabras que yo usaba. Había perdido todo su cabello, ¡mira cuánto tiene ahora! Había perdido todo su cabello, tenía parches de sangre, las uñas rotas, estaba anémica, tenía las piernas hinchadas. Era imposible creer que estabas tratando con una persona que a iba vivir. Con la Gracia de Swami, por aquel entonces yo había comenzado a tener una fe absoluta en que aquello que yo no pueda hacer, lo hará Swami.
Así que vine a ver a Swami, y le dije: “Swami, esta señora sufre de una condición llamada el Fenómeno LE, lupus erythematosus, y desde mi punto de vista no hay mucho que se pueda hacer”.
El me dijo: “Tu haz lo que tú puedas hacer, yo haré lo que yo pueda hacer”, y me sacó de la sala de entrevistas casi a empujones (se ríe). No podrás creerlo, pero esta señora ahora está perfectamente bien.

Entonces vino Sampatt con un cáncer de próstata. Tenía retención de orina, y su caso se había complicado. Jogarao lo trajo aquí al hospital. Una vez más, con la Gracia de Swami, lo operamos y todo salió bien.

Pero la parte milagrosa, en su caso, es que le sacamos unas radiografías que mostraban que estaba lleno de cáncer. Cáncer que originaba de la próstata. Ese cáncer se extiende a través de la sangre. Hay una operación posible, aunque drástica, y yo hablé con Sampatt acerca de esa posibilidad. Sampatt era un hombre muy agradable, sabía cómo hacerte sentir bien, y así lo hizo conmigo, facilitándome esa conversación. Al cabo de un mes, estaba absolutamente limpio de cáncer. Finalmente murió por alguna otra razón, pero no de cáncer. Así que bien, estas son algunas de estas experiencias.

Luego vino Raja Reddy. Su madre tenía cáncer de vejiga. Ella solo aceptaba ser operada  en el Hospital de Whitefield. La operación nos llevó unas cuatro horas, y mis manos temblaban incesantemente. ¿Por qué? ¡Swami estaba ahí dentro, observando la operación por encima de mis hombros!

Prof. G.V.
¿Swami estaba ahí?

Dr. B.
Las cuatro horas de la operación. Dentro de la sala de operaciones.

Prof. G.V.
¿Dentro de la sala de operaciones, físicamente? Increíble – eso si que tiene que haber sido una vivencia extraordinaria.

Dr. B.
Así lo fue. Cuando El se para delante tuyo, te olvidas de tu nombre, te olvidas de todo. Y ahí estaba, y de repente te ponía alguna pregunta, ¿porque abrías el abdomen o algún órgano. Así que tanto los otros dos médicos como yo estábamos muy emocionados. ¡No creo que tampoco ellos hubieran tenido nunca a Swami observándoles por encima de sus hombros al hacer una operación!

Prof. G.V.
Eso fue algo inusual, desde luego.

Dr. B.
Y entonces, un domingo fuimos a tener Darshan a Whitefield. Swami salió a dar el Darshan y caminó hasta llegar a mí. Yo estaba sentado en la tercera o cuarta fila, y como decías, cuando Swami se para delante tuyo, ¡tu pulso o se acelera o se detiene! (se ríe)

Esto es lo que me sucedió a mí. Entonces me dio vibhuti y siguió caminando. Cuando llegó al lado de las mujeres, se acercó a mi esposa y le dijo: “Hoy vendré a su casa”.  A ella le había pasado lo mismo, al acercársele Swami se quedó en blanco. Entonces la persona sentada a su lado le dijo: “¡Swami va a ir a tu casa hoy a las tres y tu estás aquí sentada, parpadeando! ¡Y ya son casi las diez!”

Nosotros no sabíamos cómo recibir a Swami. Contactamos a uno o dos devotos, y corrimos como locos tratando de tenerlo todo a punto, porque cuando Swami viene, hay mucho que hacer...

Prof. G.V.
¡Y uno se queda paralizado!

Dr. B.
Si. Vino a las tres, acompañado de dos devotos, Srinivas y Radhakrishnan. Llegó y fue directo a la planta de arriba. Habíamos construido recientemente una planta más, con uno de esos préstamos del LIC. Habíamos preparado una silla para Swami tanto arriba como abajo. Fue allí y se sentó. Antes de que viniera, yo le había pedido permiso para invitar a algunas personas. Había oído decir que cuando visita alguna casa no le gusta ver a otras personas allí más que a los miembros de esa familia. Pero Shekar Rao, un cirujano cardíaco, era vecino mío, y había otro cirujano cardíaco que también era mi vecino, y luego estaba Narayanamurthi, el anestesista que solía darme anestesia en las operaciones que hacía en el Sta. Filomena. Así que le pregunté a Swami: “¿Puedo invitar a algunas personas?” Y El me dijo: “Invita a esos médicos”.

Así que subió a la planta de arriba, y allí nos dio una charla acerca de la enfermedad cardiaca. Dijo: “Voy a resumir las causas del corazón enfermo. Son tres: La prisa, la preocupación y la dieta”. Y habló durante largo rato acerca de estos temas.

Habíamos invitado también a mi yerno, que vino con mi hija. Ella es microbióloga y trabaja en Madras. Después de la charla preliminar, de que Swami hablara de las enfermedades del corazón, de ésto y de lo otro, le llamó y le dijo: “¿Sabes que todo lo que tienes en tu cuerpo le pertenece a tu madre? El cabello, la nariz, los ojos, los huesos, la piel, todo es de tu madre. Nada de ello te pertenece a ti. Así que tienes que tratarla con gentileza, y no te olvides, da igual en que etapa esté la enfermedad que tiene, ella es tu madre”.

Más tarde entendimos porqué Swami había dicho eso. Su madre tenía 74 años de edad, y cada vez que entraba a la cocina o a cualquier otro lado, entraba con ella un olor fuerte. Mi hija es licenciada en Medicina. Ella pensó que había olor a cáncer en algún lugar. Entonces habló con su suegra y así descubrió que ésta tenía un carcinoma masivo en el pecho, una úlcera abierta, con una costilla casi expuesta. La llevó al Hospital Apolo, donde trabajaba como microbióloga jefe. Allí la reconoció un oncólogo y dijo, “Está muy avanzado, lo único que podemos hacer es darle quimioterapia. No se puede  operar”. Mi hija regresó a casa y le dijo a su esposo: “Ya se qué es lo que le pasa a tu madre”.

Lo que sucedía es que debido a la enfermedad, su madre nunca dormía bien. Así que a medianoche, o a la una o las dos de la madrugada, solía pedirles un trozo de pastel o algo para comer. ¿Pero dónde conseguirlo a esas horas? Así que su marido previamente le había dicho a su madre: “Madre, sabes que es medianoche, no hay donde comprarlo ahora. Más tarde, cuando se haga de día, te lo traeré”. Creo que fue algo áspero con ella. Estaba medio dormido. A ésto es a lo que Swami se refería, y le dijo: “Yo se qué es lo que tiene, este cáncer no lo puedo curar, pero haré que ella viva con él”. Y materializó un shivalingam (un símbolo de Dios) en el cual lucían diferentes colores, y les describió a los médicos presentes lo que estos colores significaban. Dijo: “Cada tarde, sobre las siete, baña este shivalingam en agua. Y dale esta agua a tu madre. Puede ser que ella no lo acepte, pues ha sido criada como cristiana”, y entonces también le dio vibhuti para que se lo diera. El así lo hizo. Su esposa se lo recordaba cada día a las siete de la tarde, y luego, al cabo de un año, la llevó al oncólogo. El oncólogo estaba muy enojado con mi hija, le dijo: “¿Por qué no me contaste todo esto? ¡Le habría sacado una foto!” ¡Lo que había sucedido es que allí donde había estado el cáncer había crecido piel normal! Y en la víspera del 65 cumpleaños de Swami, recibí una llamada de mi yerno. Me dijo: “Mi madre ha fallecido en paz, jugando con sus nietos”.

Tres meses más tarde, Swami vino a nuestra casa por segunda vez. Esta vez lo que sucedió es que durante un Darshan se acercó a mi y me dijo: “Voy a venir a tu casa. Llévame tú en tu coche”. “¡No Swami!”, le dije. Porque por un lado, nunca he tenido un coche hasta el día de mi jubilación, en el que me compré un coche de segunda mano. Y era muy mal conductor. Y cuando mi mujer aprendió a conducir, ¡lo primero que hizo fue chocar contra un controlador de tráfico! Así que dije, “¡Swami, no voy a conducir!” Creo que fue Balram el que finalmente condujo, y Swami vino acompañado de dos devotos.

Durante la primera visita sucedió algo que nos muestra una de las facetas de Swami. Cuando dijo que vendría a las tres, telefoneamos a Mangalore para hacer un pedido de castañas de cajú, pues las castañas de cajú de allí son famosas. Las mandaron con el autobús de la mañana, y las usamos para hacer uno de los platos. Después de hablarnos, Swami bajó y fue directo a la cocina, (¡yo pensé que iba a ir incluso al cuarto de baño y chequearlo todo!) Fue a la cocina y bendijo al cocinero, que era cristiano, chequeó los platos que se habían preparado para ese día, regresó y bendijo a todos los miembros de la familia. Entonces comenzó a dirigirse a mi mujer como “profesor despistado”.

Pensábamos que Swami solo estaba bromeando. Y luego llegó la hora de comer y comimos, y cuando todo finalizó e hicimos el Arati  (ceremonia para finalizar, en la cual se enciende una llamita en alcanfor), mi mujer se había olvidado de traer las cerillas. Swami materializó unas cerillas de la nada. En ese momento yo pensé que Swami la había estado llamando “profesor despistado” debido a que se olvidó de traer cerillas. Luego nos dimos cuenta de que lo que había sucedido es que el plato que habíamos preparado de las castañas de cajú, que Swami había visto en la cocina, ¡nunca llegó a la mesa! Swami lo supo antes siquiera de que comenzáramos a comer.

Cuando Swami vino por segunda vez a nuestra casa, otra vez se dirigió a ella llamándola “profesor despistado”. Así es Swami. Por aquel entonces nuestra fe en Swami se había visto confirmada muchas veces.

Mi esposa ha pasado por tantas cosas que sería difícil para ti apuntarlas. Ha pasado por cuatro cesáreas, luego por una histerectomía. Antes de las cesáreas, ella les decía al personal de la sala de operaciones, “Llegaré a las nueve. Acabo mis clases a las 8.45 h, y vendré al finalizarlas”. Daba clases en el Sta. Filomena, y también en el CMC. La ginecóloga le dijo que hacer más de dos cesáreas no era bueno. Pero ella pasó por cuatro. Antes de la anestesia, le decía al medico, “Tú haz tu trabajo, yo me cuidaré de mí misma”. Porque al ser una persona medica, sabía todo lo que puede ir mal en un parto normal, y ¡estaba llena de temores! Pasó por la histerectomía, tuvo dos ataques de difteria, pasó por un ataque al corazón, es diabética, es hipertensa, ha tenido dos ataques al hígado de ictericia...

Cuando era una estudiante de medicina, ella y otra chica se fueron una tarde a dar un paseo, cerca de Vellore. Comenzó a llover, así que se refugiaron en un viejo templo, que tenía techo de piedra. El templo se desplomó sobre sus cabezas. Su compañera murió aplastada, y ella se salvó con múltiples fracturas de cráneo, múltiples fracturas del fémur, una cadera dislocada, y los huesos de ambas manos y pies aplastados, por eso hoy día la ves caminando con bastón. Y después de venir aquí, tuvo un ataque de la pierna fracturada, se le quedó paralizada. Pero la recuperó, en gran medida. Y cada vez, Swami estaba con ella.

Esta segunda vez que Swami vino a nuestra casa, dijo: “Estoy construyendo un hospital en Puttaparthi, ¿han oído acerca de ello?” Y habló una media hora más o menos acerca de lo que este hospital iba a ser y todo eso, y entonces dijo: “Ustedes dos, vengan conmigo”. Eso fue todo. Ni solicitud de trabajo ni nada, simplemente: “Vengan conmigo”. Allí nos presentó diciendo: “Los he traído aquí Yo, a ambos”. No ha habido ni un solo minuto desde entonces en que nos hayamos arrepentido.

Prof. G.V.
¡Naturalmente, quien se arrepentiría de venir a Swami! ¿Hay algún incidente en particular o, dijéramos, notable, en el que vieras la mano de Swami curar a un paciente a cargo tuyo?

Dr. B.
Te he contado la historia de la suegra de mi hija…

Prof. G.V.
Pero ella no era tu paciente. Me refiero a tu carrera de Hospital, incluso en el de aquí, si quieres. Cuando estabas tratando a algún paciente al que en circunstancias normales no habrías creído que sobreviviría, pero que por milagro de Dios, es decir, de Swami, se curó. La gente describe estas historias muy a menudo.  ¡Quisiera oír una historia auténtica de boca de un medico!

Dr. B.
Bien, profesor - hay una cosa de la cual he hecho un hábito. Cuando comienzo a saber que probablemente no voy a conseguir resultados, vengo a ver a Swami y se lo digo. Le digo: “Swami, este paciente está en estas condiciones”. Y utilizo esta expresión: “Swami, quiero que Tú te hagas cargo”. Yo he acabado, no hay nada más que yo pueda hacer, le estoy transfiriendo el paciente a Swami. ¡Directamente!

Prof. G.V.
¡Al Doctor de doctores!

Dr. B.
Hay una señora llamada Subamma. Su madre tiene  hemorragias, y cada vez que sangra, viene y le damos transfusiones de sangre. Le hemos hecho radiografías, la hemos mandado a Bangalore a hacer diferentes pruebas, se le ha hecho cada test conocido, pero no sabemos dónde sucede la hemorragia. De repente sangra cuando va de vientre, y los valores de la hemoglobina, que normalmente son de 12 o 13, bajan a 3 o 4. Y entonces le tenemos que dar diez o doce medidas de sangre. La hemos operado ya cinco veces, y cada vez llegamos a un punto ciego. La última vez pensábamos que finalmente sabíamos lo que sucedía, la operamos, pero no logramos encontrar la causa. Teníamos ciertas sospechas, así que cortamos una parte del intestino, y las hemorragias cesaron.

Pero cada año comienzan de nuevo, y es admitida en el hospital. La han visto también otros médicos, la ultima vez, un Dr. Nareshwar vino de Bangalore y la operó. La operación duró 6 horas. Pero la hemorragia no ha cesado. La última vez que cesó, cuando al 12avo día de la operación le dimos agua, la vomitó. Así que surgieron más complicaciones.

Por ello le dije a Swami: “Swami, ésto es lo que pasa, no podemos volver a operarla, ¿qué es lo que he de hacer?”, le dije, “Hazte cargo Tu”. Créeme o no, profesor, ¡la mañana siguiente comió un desayuno normal!

Si miro en retrospectiva, muchas de las cosas que han sucedido en mi práctica profesional, ahora las atribuyo a la Gracia de Swami. Puede ser que no siempre lo haya sabido entonces, pero El obviamente siempre nos ha conocido. Eso es lo importante tras todo esto.

Y aquí somos felices cada minuto del día. Es por ello que Swami a veces me toma el pelo, me dice: “¡También los domingos vas a las nueve!”, porque también los domingos voy al hospital.

Toda mi vida he creído que la mejor manera de servir a Dios es hacer el trabajo que se te ha dado de manera sincera, al igual que lo harías para ti. Creo que ésta es una profesión en donde uno no debe aplicar medidas diferentes. El príncipe y el mendigo deben ser tratados de igual manera.

Prof. G.V.
¿Ha fortalecido tu experiencia tu fe en Dios?

Dr. B.
Si. Porque he comenzado a entender que yo sólo puedo hacer la incisión, el sanar está en manos de Dios. Cuando hago un corte, lo he de hacer con sinceridad. Esto es lo que les transmitía también a mis estudiantes.

Les decía: “Si quieren obtener los mejores resultados en sus operaciones quirúrgicas, traten al paciente como si fuese su padre. Y deben recordar que la próxima vez, puede que sean ustedes los que estén en esa cama, en lugar del paciente. Si mantienen estas dos cosas en mente, sus diagnósticos serán correctos.
Su juicio de la situación entera será correcto. Tomen por ejemplo lo que se llama el consentimiento informado, que en los Estados Unidos conlleva el decir “Puede que te mueras”. Si le dices al paciente “Puede que te mueras” - ¡saldrá corriendo! Su juicio les ha de decir cuanto decirle al paciente. Si le cobran al paciente, él dirá cuanto cobrarle. Si se tratase de ti mismo, ¿cuánto podrías pagar? Si fuese tu suegro, ¿cuánto podría pagar? Con simplemente recordar estos dos puntos, tendrán todos los parámetros necesarios para que un paciente se sane. Primero, traten al paciente como si fuese alguien de su familia. Y luego, recuerden - la próxima vez puede que seas tú, quien ocupe su lugar en la cama de hospital”.

Prof. G.V.
¿Hay alguna enseñanza de Swami que te haya influenciado en particular?

Dr. B.
Yo no diría que me ha influenciado ahora. Siempre ha estado conmigo, desde el principio. Y es el que he sido entrenado en una profesión que se considera noble. Aunque Swami dice: “Estos doctores no están trabajando, sentados aquí (en la veranda durante el Darshan)”, ¡aun así, nos da un sitio especial para sentarnos!

Prof. G.V.
(Se ríe) ¡Cierto!

Dr. B.
(Se ríe) Así que ése siendo el caso, yo no debo negar ayuda a ninguna persona que venga a mí con alguna enfermedad o con dolor. Swami también me ha dicho: “Si un paciente viene a ti, aquí, en este hospital, con una dolencia que tú no puedes tratar, porque no tienes el entrenamiento o el equipo necesario, trae a quien quieras para poder darle el tratamiento necesario, Yo pagaré su transporte, y el coste”.
Porque yo le había dicho a Swami: “Swami ha dado tanto para construir este hospital y para su equipamiento. Debiéramos minimizar el número de pacientes a los cuales no damos tratamiento”.

Dentro de lo posible, que nadie sea rechazado. Porque vienen con mucha fe. Y también les dije a mis chicos: “No estén bajo la impresión de que vienen a ser operados por ustedes. Vienen a ser operados por Swami. Accidentalmente, ustedes están aquí. Así que si las cosas van bien, no tomen el crédito de ello. Pero si hay algo que va mal, mejor que hagan un poco de introspección: ¿Dónde fallé?”

Esta es la enseñanza de Swami que me ha acompañados siempre. El no negarle ayuda a una persona que viene con una dolencia dentro del entrenamiento profesional que he recibido. Así que si yo no puedo darle tratamiento, haré que mi amigo se lo dé, o llamaré a alguien que haya recibido el entrenamiento necesario. O sino, le mandaré al CMC o al Sta. Filomena con una carta de introducción diciendo, “No le cobren”. Allí se han portado muy bien conmigo. Simplemente con una llamada telefónica, y siempre han venido, piensan que es una oportunidad que se les ha dado para servir a este servidor. Y para servir a los pacientes que vienen aquí, porque no hay limite a la pobreza de algunos de los pacientes que vienen.

Prof. G.V.
No hay ningún lugar sobre la tierra donde puedan obtener este tratamiento, aparte de aquí.

Dr. B.
Ningún lugar sobre la tierra. El Sr. Nobel me dijo: “He visitado incontables hospitales de caridad, el mayor de ellos está en Suiza. Pero el tratamiento de alta tecnología siempre es cobrado”. Aquí el tratamiento de alta tecnología es dado libre de coste para el paciente. Así que es realmente el único hospital en el mundo donde pueden recibir este tratamiento.

Prof. G.V.
Esto me lleva a hacerte una pregunta que creo que estas altamente cualificado para responder. Hay algunos hospitales que dicen, les cobraremos a los ricos pero no a los pobres. ¿Crees en esta doble política de precios?

Dr. B.
No. Eso es algo muy difícil, sabes. Porque durante mi servicio en el Sta. Filomena, tenía una clínica donde se cobrara muy poco por la consulta. Y de repente sentí que algunas de las personas que venían a la consulta eran muy, muy pobres. Así que hablé con las monjas y les dije, “¿Tienen alguna objeción si a algunos de los pacientes no les cobro ni siquiera lo poco que estamos cobrando?” Ellas me dijeron: “De acuerdo. E infórmanos a quien no cobras, de manera que tampoco le cobremos mucho por la operación y la cama”. Redujeron también los costes de la estancia en el hospital. Entonces me encontré con que se formaban colas larguísimas. Si comenzaba a atender en esa clínica a las cuatro de la tarde, solía acabar a las diez de la noche. Pensé que había algo que estaba mal. Así que lo investigué. Ellos tenían que dar un recibo, y recibíamos muy pocos recibos, pero las colas eran muy largas. Me di cuenta de que muchos de ellos venían en sus propias motos o coches. Y luego se ponían en la cola para recibir tratamiento libre de coste. Lo que sucedía era que el secretario solía recibir el dinero y les ponía en esta cola. Ese día perdí la fe en todo esto.

Y ese fue mi gran Día. Porque al día siguiente Swami visitó mi casa y dijo: “Vengan”.
Yo quería trabajar en un lugar donde no tenía que decirle a nadie:
“Tienes que pagar tanto y tanto”.

Prof. G.V.
Si. Aquí a todos se les trata de igual manera. Eso es lo que Swami enseña.


SAIRAM
Cortesía de Radio Sai Armonía Global
(paginas web: radiosai.org y h2hsai.org)



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