miércoles, 19 de marzo de 2014

CONCENTRASE EN UN SOLO PUNTO ES ESENCIAL PARA MEDITAR



( Impreso en castellano en Sobre la Meditacion (Dhyana Vahini) cap. 6 )
 
No es correcto decir que las cualidades y logros necesarios para el progreso temporal y el progreso espiritual son diferentes entre sí. El progreso espiritual es precisamente la purificación de lo temporal. El éxito o el fracaso en cualquiera de los dos depende de la concentración, la cual también es disciplina espiritual.
Hay dos caminos que la práctica espiritual puede tomar: hacia ningún punto, o hacia puntos múltiples. El primero es el nivel del sueño. El segundo es el resultado de dirigir la visión, con los ojos abiertos, a toda la Creación y los paisajes que nos ofrece. Si evitamos caer en estos extremos, sin que nuestros ojos estén cerrados como cuando dormimos, ni totalmente abiertos como en el completo estado de vigilia; sino parcialmente abiertos y dirigidos al punto central de la nariz, el equilibrio se convertirá en nuestra propia naturaleza y además, se llegará fácilmente a la concentración.
Desde luego, esto no significa que fijar la atención en la punta de la nariz será suficiente. Es una medida inicial; después de concentrar ahí la atención, se la deberá dirigir hacia el Nombre y la Forma que se tenga en mente; eso será meditación.
Cuando estén sumergidos en la repetición del Nombre (japa) y la meditación (dhyana) es posible que otros pensamientos empiecen a distraerlos; pero no les deberán preocupar, no encierran muchos peligros. Al iniciar la práctica de la repetición del Nombre, siéntanse para ello con entusiasmo. Si una tarea se comienza con firme determinación, no hay impureza que pueda afectarla. Lo que deben observar es que estén puros cuando empiecen la repetición del Nombre y la meditación. Tampoco se deben preocupar por las formalidades del procedimiento. Simplemente, escojan el Nombre que les guste y la Forma que tiene. Ese Nombre mismo será el mantra (fórmula mística de gran poder). El mantra es todo, es siempre puro y activo.
Pero no se deberá cambiar de nombre y forma a nuestro antojo, y usar uno un día y otro diferente al siguiente. Cualquier nombre y forma que les haya dado contento desde la primera vez que los invocaron, son los que se deberán conservar a partir de entonces, sin desviarse de ellos. Sin lugar a dudas, quedarán implantados en su corazón. Después, todo empezará a ocurrir a través de su gracia. Pues si al obrero se le ordena cavar la tierra, su trabajo será, simplemente, seguir cavando; sólo el jardinero sabrá cuánta tierra y de qué manera se ha de colocar debajo de qué planta. De modo que la orden es: "¡Practiquen la repetición del Nombre!" Siempre y cuando ustedes continúen efectuando este trabajo, El mismo les marcará la dirección y la manera mejor de enmarcarlo.
El valor del Nombre y la Forma consiste en la educación que le dan a la mente. ¿De qué sirve entrenar a un caballo que ya ha sido enseñado? Es al caballo indómito al que se debe someter por medio de diferentes métodos. De manera similar, para la mente indómita tenemos la oración, los cantos devocionales, la repetición del Nombre y el recuerdo de la Forma. En las etapas preliminares, el caballo corre en muchas direcciones; pero el entrenador no debe preocuparse por esto; sólo debe sujetar fuertemente las riendas. Naturalmente, la mente también corre en diferentes direcciones cuando se inicia en la práctica de la recordación y repetición del Nombre, pero uno no debe desmayar, ni dar lugar a la indecisión, la ansiedad o la desesperación. ¡Sujeten bien las riendas! En poco tiempo controlarán lo que dicen y piensan. Lo único que no deberán permitir es que nada que los haga olvidar el Nombre del Señor se interponga; y a su debido tiempo, ustedes mismos se darán cuenta de los beneficios que el Nombre les reportará.
No deseen comer fruta desde el momento en que el árbol joven se planta. No arranquen y mastiquen las ramitas y hojas pensando que "de ahí deducirán el sabor del fruto"... Si lo hacen así, no podrán disfrutar la dulzura del fruto; además, la planta misma no sobrevivirá.
Así, la tarea de ustedes es sencillamente cultivar el retoño incipiente llamado el Nombre del Señor. Mientras lo practiquen no deben dudar y preguntarse si verdaderamente tiene la gloria que se le atribuye. Ese retoño, sin duda alguna, crecerá hasta convertirse en árbol y dará el fruto que esperan comer. Ustedes lo pueden lograr, el Nombre del Señor tiene la capacidad de dar tal fruto. Por lo tanto, el propósito de la concentración es que ustedes se aferren al Nombre del Señor sin cambiarlo y mantengan la Forma siempre presente. En la red de la recordación del Nombre no debe haber ningún agujero; es decir, que siempre debe hacerse, sin pausas ni intermedios. Si se deja una brecha, un espacio abierto, ¡el fruto que haya caído en la red puede escaparse por ahí! Practiquen la meditación hasta que su mente esté firmemente bajo control. Esa es la tarea primordial.
Dejen que la mente corra por doquier, pero tengan cuidado en no seguirla, esperando descubrir hacia dónde va. Entonces, deambulará por aquí y por allá a su antojo, y pronto, ya cansada finalmente, regresará a ustedes. Es como un niño, que nada sabe. Puesto que la madre lo sigue, llamándolo hacia ella, se arma de valor y de confianza para avanzar en cualquier dirección; pero si la madre no corre tras de él y se vuelve atrás en silencio, el niño regresa a ella por sí mismo.
No presten atención a las divagaciones de la mente. Ejecuten la repetición del Nombre y la meditación del nombre y forma que más les agrade, de la manera en que estén acostumbrados; así alcanzarán concentración y realizarán el deseo de su corazón.
No ocupen sus pensamientos con la idea de la pureza o la impureza mientras hacen esta práctica de meditación. No hay nada impuro en el mundo. Si el Señor es inmanente en todas partes y en todo, ¿cómo puede algo ser impuro? Aun cuando algo aparente ser impuro, en el mismo momento que se pone en contacto con el Nombre del Señor se purifica.
Pongan atención en este punto: si al responder al llamado de la naturaleza alguien encuentra un tesoro, ¿dudará en tomarlo porque se siente impuro en ese momento? La pureza y la impureza son el resultado de las reacciones mentales a un momento en particular. Cuando alguien da dinero por caridad, lo da hablando del favor que concede y de la pureza de su acción. Pero cuando tiene la oportunidad de procurarse dinero, cualquier momento le parece favorable. La razón de ambas actitudes reside en la mente.
Similarmente, ningún pensamiento de pureza o de impureza les incomodará si tienen entera fe y amor por el Nombre del Señor. Por otra parte, si sienten cierto apremio y descontento, todo tipo de obstáculos superables e insuperables se presentarán. Por lo tanto, desechen todo sentimiento de ese tipo. Fortalezcan la fe en la inconmovible santidad del Nombre y su Forma correspondiente. Crean con firmeza que toda cosa se santifica por medio de Su Nombre.
Cultiven el Amor por el Señor; su potencialidad es infinita. Una cadena de acero puede ser rota fácilmente, pero no así la cadena del Amor que nos une al Señor. Incluso el más cruel de los animales es subyugado con amor. ¡Es la maya (el mundo ilusorio) del Señor! ¡Qué labor bendita sería si las aguas de este Amor se dirigieran no a los lagos y bajos en las desviaciones del río, sino al océano de la gracia del Señor! Entonces, el individuo se daría cuenta del propósito de la vida. Esta es la más excelsa Liberación (moksha) . Dirigir sin interrupción el Amor hacia el Nombre y Forma del Señor; he ahí a la meditación de verdad.
No confundan esta estancia temporal con su morada eterna. Ni tampoco deben descorazonarse ante los problemas pasajeros y las tragedias efímeras. Sumérjanse en el esfuerzo por alcanzar al eterno Señor. Toda cosa en este mundo está sujeta al deterioro; si no hoy, tal vez mañana, pero está destinada a desintegrarse, ¿verdad?
No es correcto rechazar al Señor, quien está ligado a ustedes eternamente, extraviándose en el mundo, ¡con el qué están ligados por unos días únicamente! Como ha sido escrito:
"...Los parientes nos acompañan hasta la entrada del cementerio, y tal vez hasta la fosa; pero recordemos que nuestro pariente verdadero es el Señor".
El nunca los abandonará. Teniendo en cuenta el número de nacimientos por los que han pasado, ustedes han tenido innumerables madres y padres, esposas y maridos, hijos e hijas, amigos y enemigos, pero ¿subsisten hoy en día? ¿Acaso esos familiares recuerdan tales parentescos? Ustedes no son nada para ellos, ellos no son nadie para ustedes. Pero tanto ustedes como ellos tienen al Señor en común, como el pariente inmutable; El subsiste a lo largo de todos los nacimientos. El es eterno. El cuida de ustedes de nacimiento en nacimiento. ¿Puede haber mayor tragedia que olvidar a semejante Señor?
Llega un momento en que los sentidos se debilitan e incapacitan, rehusando funcionar; en que los familiares, la mujer, los hijos y los amigos rodean nuestro lecho de muerte, mientras que los mensajeros de la muerte nos apremian a emprender el camino sin tardanza... ¿Quién de nosotros puede saber cuándo y cómo será llamado? Antes que llegue ese momento, estemos preparados con el pensamiento de Dios.

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¨LA ENCARNACIÓN DIVINA¨