viernes, 21 de marzo de 2014

PROMOVER EL BIENESTAR DE TODOS LOS SERES



( Impreso en castellano en Sobre la Meditacion (Dhyana Vahini) cap. 3 )
 

El meditador considera la realización de la Bienaventuranza del Alma como importante, pero el mejoramiento del bienestar del mundo es también un objetivo igualmente importante. Para lograr este objetivo, el aspirante espiritual debe poner bajo su control ciertas tendencias físicas, verbales y mentales. Estas son usualmente conocidas como los diez pecados: los tres físicos, los cuatro verbales y los tres mentales. Las tendencias físicas son: el daño a la vida, el deseo adúltero y el robo. Los pecados verbales son: la insidia, el discurso hiriente, la plática envidiosa y la mentira. Las actitudes mentales son: la codicia, la envidia y la negación de Dios.
La persona resuelta a seguir el sendero de la meditación debe tomar todos los cuidados para que estos diez enemigos ni siquiera se le aproximen. Se deben evitar definitivamente. El necesita de tendencias que lo ayuden a progresar y no de aquéllas que lo detengan. El debe hablar y actuar solamente en forma correcta, porque sólo el bien es prosperidad, y sólo la prosperidad es felicidad. Esto es lo que también dicen las Escrituras religiosas. El bien es lo auspicioso, lo auspicioso es lo que ayuda espiritualmente. Si el hombre ha de sumergirse en el gozo, el bien es su instrumento.
A través del bien, él puede conseguir este mundo y el otro; él puede promover su bienestar, así como el de los demás. El bienestar es el fruto del conocimiento; el malestar es el fruto de la ignorancia. Solamente a través del bienestar puede obtenerse paz, alegría y progreso. ¡El deber fundamental del hombre es el bienestar de todos los seres! Promoverlo y contribuir a él, es su tarea correcta. Vivir el período de vida que nos corresponde ejecutando esta tarea, es el sendero prescrito.
El intelecto en nosotros es el testigo de todas las cosas en este mundo objetivo. Este último limita al primero; lo afecta y lo modela como conciencia de la vida. La ilusión (maya) es solamente la conciencia afectada por todo; deformada y retorcida por las impresiones que todo lo que le rodea ha dejado en ella. Por lo tanto, la conciencia (chaitanya) que no es afectada por la ilusión y sobre la que el mundo no produce ninguna impresión, es Dios, el Creador Universal.
¡La persona que está luchando por alcanzar esa Realidad debe, en consecuencia, no ser afectada por la ilusión (maya), no dejarse impresionar por el mundo! ¿Cómo permanecer tan inmutable? A través del análisis, el raciocinio, la valiente inquisición y la razón pura. Para adquirir esta razón analítica o discernimiento, es esencial promover el bienestar de todo ser en la naturaleza.
El Universo, este espectáculo efímero, se basa en la ilusión, por eso se lo califica de "falso". Pero no concluyamos que un simple reconocimiento de la falsedad del mundo, o una conciencia de que uno tiene ciertas imperfecciones, conducirá al hombre por el sendero más alto y lo llevará a la más elevada Verdad. Si él no posee un carácter lleno de excelentes cualidades, nunca logrará progresar en el campo espiritual. El progreso depende del valor y la calidad del individuo, como la cosecha depende de la fertilidad del campo. Sobre terreno tan valioso, siembren las semillas de excelentes cualidades, y rieguen con las aguas de la razón y el análisis. ¡La abundante cosecha estará lista en su debido momento! En las tierras donde no se siembran ni se cuidan semillas de buena calidad, la maleza inútil se multiplica; y donde podrían haberse formado jardines ordenados, espinosos matorrales crean una selva de confusión impenetrable.
Aun cuando el individuo, a causa de perversidad o ciega presunción, no haya cultivado todavía buenas cualidades, puede, por lo menos, hacer un intento, o esforzarse para adquirirlas. De no hacerlo, él no podrá saborear la excelencia de la vida, su vida será un desperdicio; su valor, nulo. Por la profunda influencia de esas fuerzas opuestas, la mente se pierde en falsos valores y es incapaz de desarrollarse por las líneas debidas. Una mente semejante alejada del bien, puede causar males indescriptibles. Todo progreso alcanzado por el aspirante espiritual podría ser destruido en un instante, como una chispa cayendo en un barril de pólvora en un momento de negligencia.
Hay quienes tratan de no tener cualidades, pero sólo consiguen vivir muertos. Sus pálidas caras revelan únicamente falta de interés y entusiasmo. Esto es el resultado de un apresuramiento no razonado en la disciplina espiritual. A pesar de que, en última instancia, el llegar a no tener cualidades es necesario, no deberá existir prisa por alcanzar esta meta; aun cuando un individuo tenga el ardor necesario, éste le crea muy a menudo dilemas que muchos resuelven por medio del suicidio. Antes que nada, uno debe acumular riqueza de carácter. Como no se interesaron lo suficiente en adquirirla, inclusive muchos aspirantes espirituales denodados y firmes, perdieron su camino sin poder recobrarlo a pesar de años de esfuerzo. Otros han caído dentro del pantano mismo que intentaban vadear.
En consecuencia, el camino para "lograr la ausencia de cualidades" está plagado de peligros. Uno no puede existir sin estar activo, entonces uno debe por necesidad actuar a través de las buenas cualidades. Uno debe abandonar todo deseo y liberarse. Una mente llena de buenas cualidades lo ayudará en este proceso, porque sobrellevará la prosperidad ajena de buen grado. Renunciará a hacer daño, buscará oportunidades para ayudar a curar y a desarrollar. No sufrirá únicamente, también perdonará. No se inclinará hacia lo falso, estará siempre alerta para hablar con la verdad; permanecerá inmutable ante la lujuria, la codicia, el enojo y la vanidad. Estará libre de ilusiones, buscará siempre el bienestar del mundo. De una mente semejante, fluirá una ininterrumpida corriente de amor.
Cuando esta mente madura y fructifica, fácilmente se libera de toda cualidad y permanece plácida, calma y pura. Ella se fusiona fácilmente con el Alma Unica sin par.
Desafortunadamente, a pesar de que el hombre tiene la singular posibilidad de probar la paz interior que tal mente puede dar, le son extrañas la alegría y la ecuanimidad inconmovibles que constituyen su derecho de nacimiento. La meditación es la única isla que se nos ofrece como refugio en el océano de la vida a todos los seres lanzados al oleaje del deseo, de la duda, el temor y la desesperación. La Verdad Eterna debe estar presente en la mente, aun cuando se preste atención al mundo sensorio.
Consideremos las condiciones de este mundo hace cientos de miles de años. En ese tiempo, el globo era escenario de dos cosas únicamente; por un lado, los volcanes vomitaban lava ardiente, grietas profundas dejaban marcada la superficie de la Tierra; la corriente de destrucción descendía por todos lados, esparciendo el temor y la muerte por las regiones adyacentes, como si el fin hubiese llegado. Por otro lado, las moléculas de materia viviente, difícilmente visibles las microscópicas amibas , flotaban en las aguas o se aferraban a las grietas entre las rocas, manteniendo segura y bien protegida la chispa de la vida.
De los dos mundos, uno brillante y tumultuoso, el otro quieto y recluido, ¿en cuál hubiera usted puesto su fe? ¡En esos tiempos nadie hubiera creído que el futuro dependía de la amiba y otros microorganismos! ¿Quién hubiese previsto que estas partículas diminutas de vida podrían sobrevivir ante la violenta embestida de lava fundida y los cataclismos que agitaban la Tierra? Aquella partícula de vida conciencia, salió triunfante, a pesar de todo. Sin que el fuego y el polvo, ni los vientos huracanados, ni las inundaciones devoradoras lo anunciaran, la amiba, con el transcurso del tiempo y la pura potencia del principio de vida que en sí contenía, floreció en bondad y fuerza de carácter, en arte y música, en canción y danza, en erudición, disciplina espiritual y martirio, en santidad y aun en las Encarnaciones del Principio Divino. En todos ellos se encuentra resumida la historia del mundo.
En la confusión de tantos eventos abrumadores, vemos que algunas veces los hombres depositan su confianza en individuos estridentes que están esclavizados por sus propias pasiones. Pero se trata de una fase pasajera, que no perdurará. Cuando el estado de las cosas es plácido, calmado y sin desórdenes, el hombre puede sumergirse por sí solo en la atmósfera de la conciencia libre de la ilusión; es lo más elevado que puede alcanzar. La paz que ahí experimenta es la más sutil de todas y debe ascender a ella por medio del esfuerzo guiado por la razón, a través de la meditación. Cuando el gozo es total y completo, no es nada más que el estado divino, la ansiada meta de la vida. Los hombres generalmente no van en pos de él porque no saben nada de su atracción Suprema. La meditación les da el primer indicio de esta bienaventuranza.
En consecuencia, cada uno debe ahora fortalecer su mente y hacerla consciente del feliz momento de bienaventuranza. De otra forma, hay una posibilidad de que la mente abandone todo esfuerzo por alcanzar lo que ahora menosprecia como "vacío" e "inútil". Pero una vez que se convence de que el momento de armonía con la conciencia es un momento de total potencia impregnado de energía divina, entonces el esfuerzo no decaerá y el aspirante espiritual podrá alcanzar, sin más interrupciones, la realización del Alma.
Con esto como ideal ante nosotros, ejecutemos meditación y mentalmente repitamos el hombre del Señor. El siguiente escalón después de la meditación es la meditación profunda, la unión con Dios. La meditación es la séptima parte del yoga óctuple. No abandonen el camino real que los lleva a la meta sagrada. La meditación es la base misma de toda disciplina espiritual.

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¨LA ENCARNACIÓN DIVINA¨