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sábado, 4 de octubre de 2008

EXTRAORDINARIAS Y MILAGROSAS CURACIONES DE BHAGAVAN SRI SATHYA SAI BABA


¿Quién podrá conocer el número de las curas milagrosas que Sai Baba ha realizado? No hay cuerpos oficiales organizados para investigar y compilar estadísticas como las que hay, por ejemplo, en relación con los milagros de Lourdes. Pero uno se va enterando constantemente de las curas de Sai Baba a medida que se mueve entre sus devotos. Están ocurriendo desde hace años y siguen ocurriendo. Los medios y métodos que Baba usa son muchos y variados, desde la ceniza sagrada hasta instrumentos quirúrgicos que materializa al instante. Pero cualquiera que sea su método, el elemento maravilloso, inexplicable por medio de la medicina, está siempre allí.
En la mayoría de los casos siguientes he entrevistado a los ex pacientes mismos, y a personas cercanas a ellos. Los otros casos fueron investigados por médicos y varios testigos responsables y reportados a mí o en la revista mensual que se publica en Prashanti Nilayam.
El señor T.N. Natarajan vive en Emakulam, Kerala y es muy activo en el movimiento de Sai Baba en esa área. Su negocio es el de propietario de taxis, pero sería difícil encontrar a nadie que se parezca menos al típico taxista. Como tantos devotos de Baba, es gentil y resplandece de amor fraternal. Tuve largas conversaciones con él en Prashanti Nilayam acerca de muchas cosas, inclusive su milagrosa cura por Baba.
Me contó que en 1957 había perdido la vista del ojo derecho. Primero fue a ver a su médico familiar que lo envío a un especialista de ojos en Bangalore. En esa ciudad consultó a dos especialistas (cuyos nombres me dio) pero ambos le dijeron que no había esperanza de restaurar la vista en el ojo ciego. No sólo esto, sino que probablemente con el tiempo sería afectado el otro ojo, y que perdería la vista totalmente. Era un veredicto cruel y deprimente.
Pero ese mismo día apareció la esperanza. El señor Natarajan visitó a un primo suyo, vio la foto de un hombre en túnica roja con una cabellera negra circular y preguntó quién era. El primo era devoto de Sai Baba, y el resultado fue que el señor Natarajan llegó a Madrás para ver a Baba que estaba hospedado allí en la casa del señor Hanumantha Rao.
En la primera entrevista, el señor Natarajan quiso darle la carta que había traído de su primo el devoto, pero Baba rehusó tomarla, diciendo: "No te preocupes, ya sé todo acerca de tu caso. Te curaré, pero debes venir a Puttaparthi por quince días".
Regresó a Emakulam, hizo todos los arreglos necesarios y se fue directamente a Puttaparthi. Allí le dijeron que viniera a ver a Baba todas las mañanas con una pequeña guirnalda de flores de jazmín. Baba la bendecía en cada ocasión y luego la amarraba firmemente a los ojos del paciente. Así se quedaba durante todo el día y la noche. A la mañana siguiente Baba la quitaba y colocaba la nueva guirnalda de jazmín. Esto duró más o menos diez días.
Luego, una noche, después de los bhajans, Baba llamó al señor Natarajan a una habitación, hizo girar su mano y materializó una pequeña botella. De ésta vertió unas cuantas gotas de líquido en el ojo enfermo. El líquido ardió e irritó el ojo, pero Baba lo tranquilizó diciéndole: "No te preocupes, ya pronto estarás curado". Al día siguiente Baba de nuevo lo mandó llamar y esta vez materializó lo que los hindúes llaman un rudraksha, una especie de talismán hecho con las bayas de un árbol que crece en los Himalayas y que se usa para protección y otros beneficios. Baba se lo entregó dándole las instrucciones para su empleo.
Pocos días más tarde el señor Natarajan regresó a Emakulam. La vista de su ojo enfermo estaba mucho mejor y siguió mejorando. Tres meses después estaba completamente normal y no ha tenido ninguna molestia en los diez años transcurridos desde entonces.
He aquí dos curas más que Baba realizó.
Un ejemplo de su poder para exorcisar espíritus malos y curar la locura me fue dada por Lilli Krishnan. Me contó que hace algunos años vino al ashram una mujer poseída por un espíritu malo o demonio. La mujer tenía una mirada de enajenada, solía gritar, arrancarse el cabello, conducirse de manera violenta y comer toda clase de basuras e inmundicias. Baba, por algún medio conocido por El solo, ahuyentó al demonio. "Después de su tratamiento no hubo más señales de locura o violencia", dijo Lilli. "La mujer se volvió gentil, suave y dulce".
. El doctor D.S. Chander, un cirujano dental de Bangalore, quien es devoto desde hace más de veinte años, me dijo que en 1958 estaba sufriendo terribles dolores causados por una piedra en la vesícula biliar. Su médico le dijo que era necesario hacerle una operación quirúrgica. El doctor Chander fue a ver a Baba quien dijo jocosamente: "Ustedes los cirujanos no piensan en otra cosa sino en cuchillos y tenedores". Luego sacó algún vibhuti del aire y se lo dio al dentista, diciéndole que tomara un poquito, disuelto en agua, cada día. En poco tiempo el dolor desapareció, y no fue necesaria operación alguna. En los diez años posteriores, no ha habido repetición del problema vesicular.
A pesar de la broma de Baba acerca de los cirujanos y su amor por los cuchillos, El mismo en varias ocasiones, cuando ha decidido que debían sacarse unas amígdalas o un tumor u otra cosa, ha realizado operaciones quirúrgicas. Para este fin siempre materializa los instrumentos quirúrgicos que requiere con un gesto de su mano. Después los hace desaparecer. Muchos ciudadanos importantes de la India han presenciado tales eventos.
Pero no obstante la ocasional cirugía y la producción fenoménica de varios tipos de medicinas, el instrumento más universal de curación de Baba es su ilimitada provisión de ceniza sagrada.
Por este maravilloso medio fluye el poder de curar muchas clases de enfermedades, y también actúa como un increíble tratamiento de primeros auxilios en casos de accidentes.
Un notable caso que involucraba el uso de vibhuti a distancia se refiere a un muchacho de catorce años de nombre Siva Kumar que sufría del corazón. En noviembre de 1964, cuando Siva Kumar estaba con su tío el doctor M.D.V. Raman, en Bombay, se le desarrolló una meningitis cerebroespinal, con parálisis parcial del lado izquierdo, y pérdida de la vista y del habla a la vez. El 30 de noviembre perdió el conocimiento, y a las 11,45 de esa mañana empezó la cianosis y el muchacho se puso azul. Los médicos le daban pocas horas de vida.
Pero al mediodía pareció hacer señas de que él deseaba algo.
Las personas presentes interpretaron sus señales como diciendo que él quería un baño y un poco del vibhuti que un amigo había traído de Puttaparthi esa mañana. Hicieron lo que él quería, bañándolo y aplicándole la ceniza sagrada. Luego hizo señas de que quería una fotografía de Sai Baba. Se la trajeron, y la colocaron frente a él. Luego Siva se frotó la pierna y el brazo izquierdo paralizados, con su mano derecha buena.
De repente saltó de la cama y empezó a caminar, aunque vacilando y con ayuda, hacia la sala de ceremonia de la familia. Allí se sentó cerca del altar y pareció entrar en un estado de meditación. Esto duró aproximadamente dos horas, luego Siva salió del cuarto de ceremonia sin ayuda, miró a su alrededor, caminó hacia una silla y se sentó en ella.
Esta historia ha sido publicada por primera vez en la revista Sanathana Sarathi ("El Eterno Conductor") y verificada por el editor, el señor N. Kasturi, M.A., B.L, últimamente del Departamento de Historia, y ex director de una escuela en la Universidad de Wsore.
Evidentemente su vista había vuelto; luego habló. Dijo a los presentes que Sai Baba se le había aparecido en una visión diciendo que le salvaría la vida. Siva le rogó que se le devolvieran la vista y el habla y Baba accedió al ruego, indicándole lo que debía hacer.
Después, pronto Siva pudo regresar a la escuela y a los estudios que tanto amaba. Cuando me reportaron estos hechos, más de un año después de la cura milagrosa, Siva seguía en el mejor estado de salud.
En Prashanti Nilayam en 1967 conocí al señor Russi C. Patel, un parsi (Del persa. Persas establecidos en la India, seguidores de la religión zoroástrica.) de Bombay, y a su esposa. Por ellos me enteré de la historia de su pequeña hija Ketu.
A la edad de dos años y medio, Ketu no podía hablar, ni caminar, ni siquiera estar de pie. Había recibido varias clases de tratamientos médicos, inclusive drogas modernas, y fisioterapia. Pero nada parecía tener efecto alguno. La fuente del problema era un misterio. Algunos pensaron que era retardo mental, otros que era un problema nervioso muy arraigado y desconocido.
Así estaban las cosas en febrero de 1965 cuando el señor Patel decidió ir a Puttaparthi a ver a Sai Baba. Su esposa, que era parsi muy ortodoxa, no estaba a favor de la idea, considerándola una pérdida de tiempo y dinero.
El festival de Shivaratri se hallaba en pleno desarrollo y había grandes multitudes cuando el señor Patel llegó al ashram. Aunque la gente le urgía a que solicitara una entrevista, no se atrevía a hacerlo, especialmente porque sentía que Baba, sin que se lo dijeran, sabía todo acerca de su problema y por qué había venido.
Varias veces escribió una nota, y tuvo la intención de dársela a Baba cuando éste pasaba por las filas cerca de él, pero cuando veía a la pequeña figura con el luminoso rostro, lleno de luz de la comprensión, decidía que no era necesario y rompía la carta. "Cuando Baba quiera verme, me llamará", decía Patel a sus amigos.
Pero los días pasaban y no lo llamaba. Filas de gente entraban a ver al gran santo, pero no Patel. Una mañana, algunos días después de la producción del lingam, se anunció que no iba a haber más entrevistas personales. Pero Baba salió al balcón y dio su bendición a todos los devotos visitantes reunidos allí antes de que salieran para sus hogares. Entonces, el señor Patel sintió la inmensa compasión que derramaba sobre la multitud y sobre su propio corazón.
En el tren, en el viaje de regreso al hogar, sin embargo, su fe y su espíritu cayeron a un nivel muy bajo. Pensó en los días que había pasado allí y las oportunidades de hablar con Baba que había perdido. Pensó en su pobre hijita todavía incapaz de pararse o decir una palabra. Imaginó los reproches de su esposa por el tiempo y el dinero que había gastado. Llegó a la puerta de su casa realmente deprimido.
Al abrir la puerta, lo primero que vio fue a la pequeña Ketu, que cuando él se había ido no podía ni pararse, y ahora estaba caminando por el corredor para ir a su encuentro y llamándole "¡Papá, Papá!". La levantó y la abrazó; luego abrazó a su esposa, mientras ambos lloraban de felicidad por el milagro que, de algún modo, había ocurrido.
Al verificar los hechos con su esposa el señor Patel descubrió que Ketu había empezado a caminar por primera vez el día antes de su llegada a la casa, justamente después de que Sai Baba diera su bendición, desde el balcón, a los devotos reunidos. Algún tiempo después el señor Patel llevó a su esposa y a su hija a ver a Baba cuando éste vino de visita a Bombay. Entre los muchos miles que se reúnen a su alrededor en esa metrópoli, Sai Baba los vio, y, para usar las palabras del señor Patet; "saludó a la niña como si fuera una vieja amiga que regresara después de una larga ausencia". La sentó en su rodilla, materializó un poco de vibhuti, y lo puso en su boca. Después de eso, su habla mejoró grandemente y empezó a usar palabras más largas..
La siguiente historia se refiere a la amiga que compartió nuestra experiencia en el templo de Guindy, Balbir Kaur, la Kanwarani de Ladhran y nieta del Raja Gurdith Singh, Retgariha de Patiala. Esta sikh de oscuros ojos y dulce habla, parecía tener cuarenta años más o menos cuando la conocí en 1967 como miembro del grupo que acompañaba a Baba en los Montes Horsley, Ahí nos contó a mi esposa y a mí la conmovedora historia de la "imposible" cura que le había traído a los pies de Sathya Sai Baba. El caso fue confirmado por su hija, la Maharani de Jind.
En abril de 1966, Baibir Kaur sufrió una operación de un tumor interno y los análisis demostraron que era cáncer maligno. A ella no se le dijo nada de esto, pero el informe le fue dado a su hija que la llevó a un especialista en Bombay. En julio, Balbir tuvo una fuerte hémorragia y la llevaron de su casa en el Punjab hasta Bombay donde ingresó en el Tata Memorial Hospital. La hemorragia había sido causada por el crecimiento de un cáncer que, dijo la Maharani de Jind, "había llegado al tamaño de una horrible rosa, habiéndose desarrollado rápidamente el cáncer madre al ser liberado por la operación".
Continúa la Maharani: "Los médicos rehusaron tocarla de nuevo, diciendo que su caso era desesperado y que no había ninguna posibilidad de que saliera viva de una operación. El sarcoma es el cáncer más fuerte y de mayor crecimiento, siendo su operación la más agresiva y dolorosa. Sin embargo, después de muchos ruegos y muchas lágrimas de mi parte, los médicos accedieron a operarla".
Así es que el 2 de agosto, Balbir Kaur sufrió su segunda operación en poco más de tres meses. Estuvo en la mesa de operaciones durante más de cuatro horas. Pero a pesar de los temores de los médicos sobrevivió, recobrando una tenue conciencia para encontrarse con seis tubos de drenaje en el cuerpo. Conectadas a los tubos tenía máquinas de succión que sacaban continuamente los fluidos indeseables. "Con su terrible tictic", como lo describe su hija, "parecían estar chupando también el resto de vida del frágil cuerpo de mi madre".
Veintiún días después de la operación, los tubos de drenajes todavía estaban colocados. "El cáncer que crecía rápidamente y la Podredumbre en el proceso de curación, además de algunas fallas de cirugía, aparentemente causaban las muchas fugas en el cuerpo. Si se cerraba una, otra se abría en otro lugar", me dijo la Maharani Balbir se debilitó tanto que parecía estar al borde mismo de la muerte. Se le dio solución de glucosa y se le hizo una transfusión de sangre. Pero entonces ocurrió otra pérdida de sangre por uno de los tubos. La radiografía, tomada para determinar su causa, reveló un hueco en el uréter. Los médicos decidieron que era esencial hacer una tercera operación a fin de reparar el hueco en el uréter o se paraba el funcionamiento del riñón izquierdo.
Pero Balbir pensó que no podría soportar otra operación quirúrgica. Su fuerza estaba muy decaída; acababa de toser y su boca estaba tan hinchada por la reacción a los antibióticos que tenía que ser alimentada mediante un tubo nasal. Pasar por otra operación antes de recobrar algo de vitalidad sería su fin, lo sabía.
Por algún afortunado golpe del destino, precisamente antes de venir a Bombay para la operación de cáncer, uno de sus familiares le había dado una fotografía de Sathya Sai Baba y el libro de su vida escrito por N. Kasturi. El retrato la había conmovido profundamente, y a medida que leía el libro su fe en Sai Baba se fortalecía.
En el hospital de Bombay había llegado a una bifurcación en el camino y ambos caminos parecían bastante desesperados. No podía continuar viviendo en condiciones de desahuciada, pero por el otro lado sus oportunidades de sobrevivir a la operación necesaria para mejorarla parecían muy pocas realmente. Su vida, pensó, pendía de un hilo muy delgado. Sólo un milagro podía salvarla. Un poco antes había empezado a rezarle al nuevo y divino hombre de los poderes milagrosos, Sai Baba. Ahora sus oraciones se hicieron más fervientes y las continuó sin cesar mientras estaba en la mesa de examen y de radiografía en preparación para la tercera operación, planeada para el día siguiente. Pero antes de que bajara de la mesa de rayos X, a eso de las 4 de la tarde, el drenaje del uréter pareció detenerse. Se pensó que esto era solamente temporal y no se cambiaron los planes para la operación.
Esa noche le rezó con toda su alma a Baba, pidiéndole que la curara y la salvara de la operación a la cual sabía que no sobreviviría. El drene siguió seco durante la noche. Al día siguiente no había más drenaje y los médicos decidieron que el hueco en el uréter debía haberse curado por algún medio milagroso.
"Sabían que había estado rezándole a Sai Baba", me dijo, "y tuvieron que admitir que había ocurrido un milagro. En lugar de operarme ese día, mandé sacar los drenes y emprendí el camino de la recuperación, gracias a Baba".
Así es que el cáncer había sido eliminado, las rupturas y fallas y drenes en su interior se habían curado, y Balbir Kaur muy pronto recobró suficiente fuerza para dejar el hospital e irse a casa. Su único deseo era ir a Puttaparthi para ver en persona al gran santo que le había salvado la vida. Pero los que la rodeaban trataron de disuadirla, diciéndole que la vida en el ashram sería demasiado incómoda para ella.
De nuevo se dirigió a Sai Baba por la oración. "Dime, qué debo hacer", rogó. En un sueño lo vio parado en el balcón de Prashanti Nilayam, adonde nunca había ido en su vida. Sus palabras para ella fueron distintivas y claras: "Ven a Puttaparthi".
Cuando llegó allí vio el edificio y el balcón de su sueño. Baba la vio y la llamó a una habitación a solas. No había dado su nombre a nadie en el ashram. Pero El la conoció inmediatamente y le contó todo lo de las operaciones, de su cercanía a la muerte, y de su cura.
Ahora se ha establecido permanentemente en Prashanti Nilayam donde Sai Baba, con su inimitable manera, le está enseñando las lecciones espirituales que debe aprender, a fin de dirigir su vida la vida que tiene por su gracia hacia las metas correctas. El milagro de Balbir Kaur ha sido un medio para revelar a Sai Baba a muchas personas, inclusive a su hija, la Maharani de Jind, que se ha hecho ardiente devota de El.
En un número viejo de la revista del ashram leí una serie de cartas de H.N. Banerji quien era entonces profesor de Fisiología en la Escuela de Medicina de Gwalior en el Norte de la India. Las cartas fueron escritas a YV. Narayanayya, un científico que vive en Prashanti Nilayam. Las cartas son acerca de la sobrina del profesor Banerji, la señora Chatterji, de 38 años de edad, madre de siete hijos. El profesor declara que a comienzos de 1965 los médicos sospecharon un cáncer en el pecho izquierdo de la señora Chatterji. Tan pronto como se enteró de esto, la hizo examinar a fondo en Gwalior y luego en el All India Institute of Medical Sciences (Instituto de Ciencias Médicas de la India), en Delhi. Estos exámenes confirmaron el diagnóstico original de cáncer.
En el All India Institute un eminente cirujano, el profesor B.N. Rao, FR.C.S. (Miembro de la Real Sociedad de Cirujanos) Londres, operó a la señora Chatterji. Luego en la primera carta del profesor Banerji al señor Narayanayya, del 6 de febrero de 1965, desde Gwalior, escribió:
"El informe patológico de los tejidos sacados, muestra un tipo extremadamente virulento de cáncer carcinoma aplástico. El doctor Ramalingaswami, famoso patólogo del Instituto, examinó los tejidos. Este tipo de carcinoma es de los más fatales; tendrá apenas ocho meses más o menos de vida". La carta concluye con un ferviente ruego por la intercesión y ayuda de Sathya Sai Baba.
La llamada de ayuda llegó a oídos de Baba. "Produjo" un poco de vibhutl y dio instrucciones de que fuera enviado al profesor Banerji.
La segunda carta del profesor fue escrita el 20 de febrero. Había, dice, recibido los paquetes de vibhuti y había corrido a la habitación de su sobrina con ellos. El vibhuti había sido usado según las instrucciones, y, "por la gracia de su Santidad, la temperatura que la había estado atormentando durante los últimos diez días, llegando hasta 41 y 42 grados, acompañada de una insoportable sensación de quemazón y una fuerte sensación de estarse hundiendo había desaparecido hoy, y ninguno de los dolorosos síntomas ha vuelto. ¡Qué milagroso es esto nada más!..."
Dieciocho días después, el 10 de marzo, escribió en la tercera carta: "Mi sobrina está ahora mucho mejor. Ya superó la anemia, se mueve, y está comiendo con una dieta prácticamente normal. Además, el cobalto 60 que había causado tantos reveses lo absorbe ahora satisfactoriamente. El cáncer es muy impredecible, según la ciencia médica, pero yo estoy seguro de que ella tendrá una vida muy floreciente, gracias a las bendiciones de Bhagavan Sri Sathya Sai Baba".
La última carta del profesor a su amigo, tal como se publicó en la revista del ashram, tiene fecha del 23 de abril. En ésta dice: "Mi sobrina está bien, por la gracia de Sai Baba. Tenía que haber sufrido una operación, una ovariectomía, como medida de precaución. Pero los médicos desistieron de la idea, pues la operación ya no se justifica. Estoy muy seguro de que mi sobrina ha sido salvada por la gracia de Bhagavan Sai Baba. La dieron de alta hace un mes, y se fue a Calcuta con su esposo el mismo día. Ofrezco mi más profundo agradecimiento, etc..."
Este caso involucraba un número de destacados médicos y científicos, inclusive el propio hermano de !á señora Chatterji, funcionario médico del distrito, y su esposo que es ingeniero eléctrico. Así es que la cura tuvo lugar entre un grupo de personas prácticas que no se podría llamar visionarios indignos de confianza.
Noté, sin embargo, que el profesor Banerji había escrito en febrero de 1965 que la opinión médica le daba a su sobrina "apenas ocho meses más o menos de vida". Para el momento de su carta final, dos meses y medio después, ella "estaba bien". ¿Pero qué pasó luego? Era posible que la recuperación hubiese sido solamente temporal, y que el cáncer se hubiese reproducido, pues, como dijo el profesor, es una enfermedad de las más impredecibles.
Decidí informarme y escribí al señor Narayanayya en Prashanti Nilayam, a quien conozco personalmente. Cuando llegó mi carta, el profesor H.N. Banerji estaba en el ashram de visita. Luego, en febrero de 1968, recibí una carta del profesor en la que confirma los detalles médicos del caso tal como se publican en la revista, diciendo: "Un día muy crucial recibí un sobre de mi amigo (el señor Narayanayya) que contenía el vibhuti dado especialmente por Baba a mi amigo... Se produjo la magia. La paciente reaccionó. Está bien. Casi todos los meses va a revisarse con un especialista. Han pasado tres años, y por la gracia de Bhagavan, ella está bien. Médicamente, se había pronunciado la sentencia de muerte y se dieron muy pocas esperanzas. Los milagros sí ocurren, llámelos así, o diga simplemente que no es nada más que la gracia y merced de Sai Baba".
La carta vino de Patna, pues, inmediatamente después de la milagrosa recuperación de su sobrina, se retiró de su puesto de profesor en la Escuela de Medicina de Gwalior y aceptó un nombramiento como Jefe de la División de Bioquímica en el Rajendra Memorial Research Institute for Medical Sciences (Instituto Rajendra de Investigación para las Ciencias Médicas) en Patna. Puede ser considerado, yo pienso, como un testigo de primera calidad del milagroso poder de Sai Baba transmitido a través de la India en unos paquetitos de vibhuti.
El señor P.S. Dikshit de Bombay es productor de películas documentales para el Gobierno de Maharashtra y un conocido ejecutante de cantos de bhajan. Supe por primera vez de la notable cura en la cual estuvo involucrado por la Maharani de Kutch y otros devotos de Baba; luego el señor Dikshit mismo me dio los datos.
Su hermana sufría de problemas en el pecho izquierdo, en el que tenía un bulto sospechoso. Los análisis clínicos en el Tata Memorial Hospital, de Bombay, confirmaron la presencia de un cáncer maligno, y los médicos recomendaron que el pecho fuese cercenado de inmediato. El cirujano jefe convino en hacer la operación para pocos días después, el martes siguiente. Luego sus asistentes le recordaron que el martes era día de fiesta, y fijó la operación para el miércoles. Con tan pocos días por delante, el señor Dishit trató de localizar el paradero de Sai Baba a fin de obtener su permiso y protección. Al enterarse de que Baba estaba de visita en Anantapur, en Andhra Pradesh, él y su hermana tomaron un tren para esa ciudad.
Baba estaba en una casa en las afueras de Anantapur y, en tal oportunidad, yo estaba allí en su grupo. El señor Dikshit y su hermana llegaron a la casa temprano una mañana y esperaron en la veranda rodeada de cristal a que Baba terminara su baño. Aunque nadie le había informado de su llegada o de la razón de su visita, cuando Baba salió le dijo a Dikshit: "Yo sé; es cáncer lo que tu hermana tiene en el pecho izquierdo. La operación iba a ser fijada para el martes, antes de que la cambiaran para el miércoles. En realidad tendrá lugar el jueves. Estaré allí y todo irá bien. No se preocupen".
Luego Swami produjo algún vibhuti en su forma milagrosa acostumbrada, le dio un poco a la paciente para que lo comiera, y frotó el resto en el pecho izquierdo del señor Dikshit, masajeándolo bien hasta que penetrara en la piel, debajo de la camisa. Finalmente le dio un golpe en el pecho y dijo "¡Ahora váyanse!" y se fueron.
Llegaron de vuelta a Bombay el martes por la mañana, y el señor Dikshit llevó a su hermana para que la admitieran en el hospital el miércoles. La operación estaba fijada, como Baba había predicho, para el día siguiente, el jueves.
El miércoles por la noche, mientras el señor Dikshit estaba sentado en el borde de su cama antes de retirarse, empezó a correr profusamente un líquido como agua de su fosa nasal izquierda. No había ningún dolor, nada más que el flujo del fluido. A los dos minutos había mojado su pijama de tal manera que tuvo que cambiarla. Tanto Dikshit como su esposa estaban perplejos ante este flujo de líquido que empezó de repente y cesó de repente. No tenía ningún resfrío, y de todos modos, ¿por qué el flujo de una sola fosa nasal, y en tal cantidad? Sin embargo, pronto se olvidaron del episodio pues sus mentes estaban concentradas en la operación de cáncer del día siguiente.
A las 9 de la mañana del día siguiente llevaron al quirófano a la hermana de Dikshit. Después de más o menos media hora uno de los doctores, un patólogo, salió y le dijo a Dikshit: "No podemos encontrar el bulto que se veía claramente en la radiografía. Sólo hay un líquido que parece agua. Ninguna señal de cáncer. Hemos drenado el líquido, y lo vamos a congelar por 24 horas para hacer una biopsia, a fin de, asegurarnos de que todo está bien".
El viernes por la mañana, el señor Dikshit volvió al hospital para conocer los resultados de la biopsia. El mismo patólogo salió a su encuentro y le dijo: "Todo está bien; no hay rastro alguno de cáncer: ¡De algún modo ha desaparecido!"
Los médicos en cuestión quedaron muy perplejos ante esta inexplicable desaparición de un cáncer maligno que había mostrado su indudable presencia en todas las pruebas científicas. Pero el señor Dikshit no estaba perplejo; su corazón rebozaba de profunda gratitud hacia el gran doctor de los doctores.
Mientras tanto, el esposo de su hermana había llegado de Delhi a tiempo para la operación. Después de lo que ocurrió fue directamente a Prashanti Nilayam, adonde había regresado Baba, y esperó delante de1a Sala de Oraciones para expresar su profundo agradecimiento. Después de un rato Baba apareció en el balcón precisamente encima de él e inmediatamente le dijo con una sonrisa ¡No había nada allí, eh! ¡Sólo agua! Bueno, puedes estar feliz de que tu esposa esté de nuevo completamente bien".
Extraño método éste, y muy raro, de curar a una persona a través de otra. Pero, como la moderna parapsicología está descubriendo, en sus niveles más profundos, la mente y las emociones de los individuos están íntimamente interconectadas. Y en el más profundo de los niveles, enseña la filosofía espiritual, no hay ninguna división real entre nosotros, todos somos uno. Aún así, podría preguntarse, ¿por qué adoptó Baba este método poco usual? Como los antiguos devotos a menudo dicen "¿Quién puede resolver los misterios de Baba? Sólo podemos aceptar los beneficios y agradecerlos".
Pero menos que la cura de un devoto a través de otro es la práctica del gran Sadgurú (verdadero Maestro) de curar devotos a través de su propio cuerpo.
Yo había leído que grandes yoguis a veces asumen en su cuerpo las enfermedades y accidentes kármicos que van a caer sobre alguno de sus seguidores. Hay algunos ejemplos de esto en "La Autobiografía de un Yogui", por Swami Yogananda, "Vida de Sai Baba", por Narasimha Swami, y otras narraciones de los santos milagrosos de la India.
Sathya Sai Baba también ha atraído sobre sí mismo y sufrido los dolores físicos de sus devotos. N. Kasturi dice en su libro sobre la vida de Baba que una vez un médico cerca de Madura le escribió diciéndole que había estado sufriendo dolores y hemorragia en un oído, pero que el problema había desaparecido repentinamente de manera milagrosa. El señor Kasturi dijo que la carta del médico le había llegado "justamente cuando Baba mismo acababa de 'librarse' de un dolor de oído con hemorragia que El había anunciado como habiendo sido 'asumido' de un devoto que estaba sufriendo esa agonía. Kasturi además dice que "Sathya Sai Baba ha asumido y sufrido parotiditis, fiebre tifoidea, dolores de parto y quemaduras de sus devotos". Un asombroso ejemplo de este tipo de fenómeno de compasión me fue descripto por un número de testigos que estaban presentes en el ashram en el momento del evento.
Una noche del 28 de junio de 1963, Baba le pidió al señor Kasturi que anunciara en el ashram que no se otorgarían más entrevistas durante una semana. Ni Kasturi ni nadie entendió ni podía adivinar la razón de ello. Pero pronto se enteraron. El sábado, 29 de junio a las 6,30, Baba de repente perdió el conocimiento. Inicialmente los devotos cercanos a El pensaron que había entrado en trance, como había hecho a menudo en el pasado cuando viajaba en su cuerpo sutil para llevar la ayuda que necesitaba algún devoto en alguna parte. Estos trances, se sabía, a veces duraban unas pocas horas, pero esta vez Swami permaneció inconsciente mucho tiempo más.
Sus devotos empezaron a preocuparse y a solicitar ayuda médica. Además de un médico en el hospital del ashram, fue llamado de Bangalore el doctor Prasannasimba Rao, Subdirector de Servicios Médicos del Estado de Mysore. Escribe, después de describir los síntomas en detalle, "El diagnóstico en diferentes casos de tales condiciones, me indicaron que esto era meningitis tuberculosa, que quizás un tuberculoma, latente desde hacía mucho tiempo..." Cuando el doctor intentó darle el tratamiento que parecía indicado, Baba recobró alguna conciencia, parece, y rechazó las inyecciones y otra ayuda médica. Más tarde dijo que el problema pasaría a los cinco días.
Durante esos cinco días tuvo cuatro fuertes ataques al corazón, se le paralizó el lado izquierdo que quedó tieso, inutilizable, insensible; la vista del ojo izquierdo y el habla también fueron fuertemente afectados.
El jueves 4 de julio, cinco días después del comienzo del ataque, Swami recobró suficiente fuerza y conocimiento para anunciar que el coágulo que tenía en el cerebro había sido disuelto, y que ya no sufriría más ataques al corazón. Sin embargo, el lado izquierdo de su cuerpo permanecía paralizado y su habla continuaba débil y dificultosa. Sus seguidores pensaron que serían necesarios varios meses para que recobrara su salud.
Durante el período de su sufrimiento Baba había indicado a los que lo atendían que un devoto muy lejano iba a ser afectado por un ataque de parálisis y ataque al corazón de tal magnitud que lo habrían matado. Así es que Baba había asumido la enfermedad con todos sus síntomas de parálisis, ataques al corazón, pérdida parcial de la vista, severos dolores físicos, etc. Sus discípulos entendieron y aceptaron su explicación.
Pero se estaba acercando Guru Poomima, un día de festival religioso, y muchos visitantes se estaban congregando en el ashram. Los visitantes se sintieron muy desconcertados y afligidos por lo que oían acerca del estado de Baba. Al no saber la causa, o no creerla, empezaron a dudar. "Si Baba es Dios en forma humana", se decían unos a otros, "¿por qué está también afligido por enfermedades físicas? ¿Por qué no se cura a sí mismo?"
En la noche del Día de Guru Poornima, el 6 de julio, vino la escena final. Prácticamente cargado por varios discípulos, Baba bajó por la escalera de caracol, desde su cuarto hasta la sala de oración que estaba llena. Todo el lado izquierdo de su cuerpo estaba paralizado y su habla era un débil balbucear apenas inteligible.
Un médico que estaba presente describe la escena así: "Su caminar era el caminar característico del hemipléjico, la pierna izquierda paralizada arrastrada en semicírculo, con los dedos barriendo el piso. Al ver a Baba en este estado, aun los más valientes lloraban".
Durante unos minutos Swami se quedó sentado en su silla en el estrado ante la gente reunida, unos cinco mil entre los que estaban dentro y fuera. Silentes, afligidos, profundamente conmovidos estaban todos. Luego Baba hizo un gesto pidiendo agua. Se le trajo un poco en un vaso, y Raja Reddy se lo sostuvo en los labios torcidos. Baba bebió unas cuantas gotas; luego, mojando la punta de los dedos de la mano derecha en el agua, esparció unas pocas gotas sobre su mano y pierna izquierdas paralizadas. Después frotó su mano izquierda con su derecha, y luego frotó su pierna tiesa con ambas manos. Los corazones de los observadores saltaron al ver eso, con un vislumbre de esperanza.
El señor T.A. Ramanatha Reddy, el ingeniero gubernamental que conocí en Horsley Hills, estaba en una de las primeras filas y muy cerca de Baba. Dijo: "En un momento la pierna de Baba y todo su lado izquierdo volvieron a la normalidad. Era una visión para dioses el ver su repentina curación, y los devotos presentes experimentaron la grandeza de su poder divino...".
El señor N. Kasturi lo describe de esta manera: "Se levantó y pudimos escuchar su divina voz que nos llamaba como El solía hacer... ¡Había empezado su discurso de Guru Poornima! La gente no creía lo que veía y oía. Pero cuando se dieron cuenta de que Baba estaba de pie delante de ellos, hablándoles, saltaron de felicidad, bailaron, gritaron, lloraron; algunos se sintieron tan abrumados de arrobadora gratitud, que reían histéricamente y corrían por entre la multitud que entraba".
Baba estuvo de pie hablando durante más de una hora. Luego cantó varios cantos de bhajan, y finalmente subió las escaleras sin ayuda. Esa noche comió su comida normal, y los días siguientes había recobrado su acostumbrada vigorosa salud, llevando a cabo un programa complejo de actividades. El mortal ataque que había aparecido por su mandato, se había ido dentro del lapso que El había indicado, sin dejar ninguna señal visible.
Está registrado que durante su vida anterior en Shirdi, Baba asumió por cuenta de sus íntimos devotos, muchas enfermedades y accidentes, como la vez que metió el brazo en el fuego en la mezquita de Shirdi donde vivía, en el momento preciso en que el niño de un devoto había caído en el fuego de un herrero en otra parte. Baba llevó las quemaduras y cicatrices en su brazo durante mucho tiempo, pero dijo que de este modo había salvado la vida del niño.
En el "Evangelio de Sai Baba", que también se llama "Baba's Charters and Sayings (Las reglas y dichos de Baba), se le cita diciendo que daría su vida misma si fuera necesario para salvar a un devoto que se ha entregado completamente a El. Muchos creen que así fue como murió en 1918.


DEL LIBRO “SAI BABA EL HOMBRE MILAGROSO” HOWARD MURPHET

2 comentarios:

Layla dijo...

Gracias

Paula Silva dijo...

Hola.. soy de Uruguay. Tengo 18 años y me entere de usted Sai Baba por una amiga.Estoy muy sorprendida por lo que lei pero me pasa algo raro.. me dio como mucha fe leer todo lo que lei y verlo a usted a traves de la foto..no se si lea lo que estoy publicando pero necesito contactarme con usted ya que la verdad que seria muy feliz si usted me ayudara.
tengo un primito de 5 años casi 6 que se llama Valentin y tiene muchos problemas como por ejemplo que no ve con ningun ojo. tiene retraso . no habla no hace nada y me encantaria que usted le enviara una bendicion o algo para poder curarse ya que su familia sufre muchisimo y el tambien. los medicos ya no dan esperanza para el niño y todos estan muy tristes y seria muy muy muy feliz si usted me ayudara.
mi mail por las dudas es pausilva1@hotmail.es
muchisimas gracias!!!!

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