lunes, 27 de octubre de 2008

GUIRNALDA DE LUCES


EN EL CALENDARIO DE todas las sociedades humanas hay algunos días que se señalan como sagrados. Se distinguen porque durante ellos se les da especial importancia a la adoración de las deidades, al recuerdo de los difuntos, a la oración a las fuerzas de la naturaleza y otras actividades similares. Son ocasiones en que el hombre recuerda al Dios externo y al Dios interno. En la India también se celebran y se observan estas y otras festividades. Uno de estos festivales es el de Dipavali, el Festival de las Luces que ahora estamos celebrando. Dipavaii significa guirnalda o festón de luces, que es la forma más característica en que se celebra el festival.
La iluminación, como la que se ve aquí ahora, es signo de la victoria o el triunfo sobre algún enemigo o algún obstáculo que pudiera haber para alcanzar una vida feliz. Es una forma de expresar nuestra alegría y de atraer la atención de los demás hacia nuestro logro o hacia nuestra inesperada felicidad. Los festivales en los que la iluminación es parte importante se encuentran tanto entre los zoroastristas como entre los cristianos y los musulmanes. Se celebran en Malasia, Nepal, Japón y muchos otros países.
Hay innumerables leyendas que tratan de explicar el origen de Dipavali. En el norte de la India se cree que es el día en que Sri Rama fue coronado emperador después de su regreso del exilio. En Kerala se considera el día en que el emperador Bali, a quien se le permite visitar su antiguo reino sólo un día al año, es recibido por sus agradecidos súbditos. El Señor envió a Bali a las regiones inferiores como castigo por sus tiránicos y egoístas planes de conquista; sin embargo, se compadeció cuando Bali le pidió que tuviera piedad, y le permitió regresar a la tierra sólo uno de cada trescientos sesenta y cinco días. En esa fecha, sus súbditos le dan la bienvenida con luces y fuegos artificiales.
La leyenda más ampliamente conocida es la que se refiere al demonio Naraka, a quien Krishna, acompañado por su esposa, Sathyabhama, o Sathya (la verdad), destruyó en batalla. Naraka era el hijo de la Madre Tierra, Bhumatha. Ella pidió al Señor la gracia de que este día fuera celebrado en su memoria como un Día de Luz y Alegría en el cual todos compartieran su felicidad con los demás. Por eso, en todos los hogares de la India esta tarde se encienden cientos de pequeñas lámparas que se colocan en hilera delante y en el interior de las casas. Pero son pocas las lámparas que se encienden en el interior del corazón para disipar las espesas tinieblas que en él habitan. Dipavali es el día en que se desecha la ropa vieja y se usa solamente ropa nueva, cuando el hogar y todos sus alrededores se barren y se limpian para que se vean frescos y agradables; se ponen lindos arreglos florales en cada cuarto y en el patio y se cuelgan festones verdes en cada puerta. Sin embargo, lo más importante de todo es limpiarse de todos los viejos prejuicios para adoptar nuevos hábitos de amor y respeto mutuo, renovar nuestra actitud hacia nuestros amigos y parientes, hermanos y hermanas de todos los credos y castas; colgar guirnaldas de amistad y fraternidad en la puerta de nuestro corazón. Esto dará verdadero sentido al festival y hará que rinda frutos y lo liberará de la creencia errónea de que es solamente una ocasión para la ostentación y la diversión sin sentido.
Indaguemos quién es exactamente Narakasura. Él es descrito como un tirano que no tenía el menor respeto para los ancianos y los santos, que padecía de una grave codicia por tierras, robaba y saqueaba sin freno y había raptado a cientos de princesas y doncellas, a quienes había confinado en prisión, sin el menor escrúpulo, y nunca se arrepentía de ninguno de sus crímenes y pecados. Cuando los hombres buenos de aquellas tierras acudieron al Señor Krishna en busca de socorro, él invadió su reino, sitió la ciudad capital de Narakasura y después de vencer a sus ejércitos, permitió que su reina, Sathya, lo matara en el campo de batalla.
Esta leyenda tiene un profundo significado interno que no deben perder de vista. Naraka es un ser demoníaco. Su ciudad se llamaba Pragjyotishapura. Prag significa "previo', lo anterior; ¡yod significa "luz", y sha significa "ignorar, olvidar". Así, el nombre quiere decir "la ciudad de los que han olvidado la luz anterior". Es decir, la ciudad de aquellos que son ignorantes del esplendor del Alma, el Espíritu supremo universal. No es extraño entonces que fueran unos demonios, que estuvieran llenos de lujuria, odio, orgullo, envidia y egoísmo. Ellos estaban tan hundidos en el pecado, que el Señor Krishna no les concedió el honor de morir en sus divinas manos. Él le ordenó a Sathya que los destruyera. Sí, la ignorancia sobre algo básico y tan arraigado sólo puede ser destruida por la espada de Sathya, la Verdad.
El egoísmo tiene que ver con la tierra, surge de lo terrenal, no del cielo. Así, Naraka es el hijo de la Tierra, y su nombre es Naraka. Nara significa hombre, el que conoce su mente, quien practica la reflexión crítica en lo que ha oído, visto o pensado. Pero Naraka, que significa infierno, es el nombre apropiado para quien cree que es el cuerpo y se afana por complacer sus caprichos y necesidades. Cuando el hombre crece en fortaleza física, en poder económico, en claridad mental, en destreza intelectual y en autoridad política, y no crece en riqueza espiritual, se vuelve un peligro para la sociedad y una calamidad para sí mismo. Esto es Naraka para sus familiares y amigos cercanos. Él entiende sólo la diversidad, no es capaz de ver al Uno; se deja arrastrar por la centelleante multiplicidad y cae en la perdición. Los asuras (demonios) tienen otro nombre en sánscrito, Nakthancharas (los que vagan en la oscuridad). Ésta es una descripción más bien piadosa para su patética condición. No tienen luz que los guíe, no reconocen que están en la oscuridad, no claman por la luz, no conocen la luz. Su intelecto se ha vuelto esclavo de sus pasiones y de sus sentidos, en lugar de establecerse como el amo. Cuando por fin la luz aparece frente a ellos y los inunda, reconocen al Uno y felizmente se funden en él.
La lámpara no es un mero símbolo de la Verdad. Es también un símbolo del Uno, el Alma que brilla dentro y a través de toda la multiplicidad. Asícomo con una sola lámpara se pueden encender miles de lámparas, el Uno brilla siempre igual aunque de su luz provengan miles de luces. Así también, el Alma ilumina al ser individual y brilla en y a través de cada uno sin que esto haga que disminuya su esplendor. El Alma es la causa, todo lo demás es su efecto.
Naraka trató de actuar libremente, como se lo dictaban sus pasiones y emociones. La palabra sánscrita usada para este abuso de la libertad tiene otro significado más profundo: saca ficha, el deseo propio, que significa el deseo, si acaso puede haber alguno, de fundirse absorbiendo las chispas que han emanado de él, las olas que danzan en su superficie. Las Upanishads llaman al hombre a recorrer la jungla de la vida como rey de las fieras, como león, no como un cordero, temeroso de levantar la cabeza. Enfréntense a los seis enemigos que ferozmente roen el corazón del hombre: la lujuria, la ira, el apego, el orgullo, el odio y la avaricia, y sean HOMBRES, Nara, no Naraka, que se repliega ante estos enemigos y trata de apaciguarlos accediendo a sus demandas. Ésta es la lección que nos da Dipavali.
La oración védica dice: Thamasso ma jyothir gamaya (De la oscuridad, oh Señor, guíame hacia la Luz). Guíame de la ceguera de la ignorancia hacia la visión de la verdad. Limpien la mente y la verdad se reflejará en ella. Esto no es tan difícil como la gente piensa. La pequeña hormiga puede viajar cien kilómetros si sólo dirige sus piernas hacia adelante y empieza a caminar. La fe y la voluntad firme harán el resto para llegar al fin de la jornada. Pero si un aeroplano que puede volar más rápido que el sonido, no se eleva, sólo puede quedarse donde esté. Cada uno tiene que determinar el objetivo por el que vale la pena vivir y luego luchar por alcanzarlo. Para lograrlo deben acercarse a los mayores y conversar con ellos, que han andado ya el mismo camino; uno tiene que probar la dicha de la realización que sus vidas expresan, e inspirados por su ejemplo, practicar lo que ellos prescriben con una absoluta confianza.
Cuando el hombre no logra usar sus habilidades para el bienestar de los demás, se vuelve un narakasura, un demonio; cuando, compitiendo por alcanzar la gloria individual, gasta billones en llegar a la luna y traer algunas piedras de su superficie, en lugar de alimentar a los millones de personas que mueren de hambre y fomentar la prosperidad de las naciones no desarrolladas, únicamente se está condenando. Aun a las mejores cosas puede el hombre darles un mal uso. Ravana, Sishupala, Kamsa y otras personas demoniacas que se mencionan en los Puranas y en otras epopeyas indias tenían una gran erudición, un enorme poder económico y político e incluso una enorme habilidad en ocultismo y disciplinas yóguicas, que habían ganado durante muchos años de austeridad y de vida disciplinada. Sin embargo, había una habilidad que no podían aprender: la de suprimir el ego, por lo que eran demasiado obstinados y peligrosos para que se les permitiera vivir y progresar. La lección que nos enseñan las vidas de Naraka y de Bali es que el hombre debe ser el amo de su ego si quiere prosperar en el arte de triunfar en la vida.
Dipavali es también un día dedicado a la diosa de la riqueza, llamada Dhanalakshmi. En muchos lugares de la India se celebra como el día de la adoración de Dhanalakshmi. Los periódicos anuncian la celebración con grandes titulares. Sin embargo, cuando la riqueza se nos da, la debemos respetar como algo que se nos da en custodia, y usarla para el alivio de las necesidades de la sociedad, y no para el engrandecimiento personal. Cuando los hombres la usan para exhibir su poder, se vuelven risibles especímenes de humanidad. ¿Cómo pueden la riqueza y la erudición brillar sin el fondo de la virtud y la humildad? La riqueza puede llegar y se puede ir; la erudición se puede adquirir o no, incluso la alegría puede llegar e irse. Pase lo que pase, el hombre debe permanecer inconmovible, sin desviarse del sendero que ha escogido hacia la meta.
Hubo una vez un mercader que mientras caminaba por las calles de Benares, llegó adonde estaban dos hermanas que discutían furiosamente sobre quién era más bonita. Eran nada menos que Dhanalakshmi y su famosa hermana Daridralakshmi, la diosa de la pobreza. Detuvieron al mercader y lo obligaron a que actuara como juez y decidiera quién era la más bella. El mercader temía decir que lo era Dhanalakshmi porque la diosa de la pobreza podría imponerle algún castigo, y temía decir que ésta era la más bonita, porque entonces su hermana podría retirarle su favor, así que ideó una estratagema para escapar del dilema. Les pidió a las hermanas que caminaran unos pasos hacia adelante y hacia atrás frente a él. Se detuvo en silencio para verlas ir y venir y luego les pidió acercarse para que oyeran su juicio. Les dijo: "Dhanalakshmi es más bonita cuando camina hacia mí; Daridralakshmi parece más bonita cuando se aleja, ¿cómo puedo dar un veredicto definitivo?"
Ésta fue una respuesta inteligente, ideada para escapar del castigo. Sin embargo, no pueden cambiar la cara de la verdad para complacer a la gente. Expresen lo que está en su mente, actúen de acuerdo con lo que han expresado. Ésa es la forma más segura, más fácil y más correcta de actuar. Asíes como debe conducirse una persona que se respeta a sí misma. Nada es más correcto que la verdad. No jueguen a la falsedad con el Dios que está dentro de ustedes ni se acerquen a la maldad por temor o por ambición. Avancen directamente, sin desviarse hacia la falsedad o el engaño. No se dejen deslumbrar por el atractivo del nombre o la forma; busquen llegar al Alma con fervor total. Éste es el mensaje que les doy en este Festival de las Luces.


SAI BABA

Prashanti Nilayam
25 X 73

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