jueves, 13 de noviembre de 2008

¿QUE ES LA VERDAD?


Del Libro "Las Luces del Hogar" cap. 15 H. Murpeht

Cuando durante su juicio, ante Poncio Pilato, Jesús declaró que había venido para enseñar la verdad, Pilato le respondió, “¿Qué es la Verdad?” y se alejó de él. Aparentemente, no pensó que este espigado y manso judío, a quien los sacerdotes del Templo le habían enviado para ser condenado a muerte por incitar al pueblo en contra del dominio romano, podría tener una respuesta para esta profunda interrogante. Resultaba risible que pudiera tener una respuesta para una cuestión que los filósofos griegos, a partir de Sócrates habían fracasado en responder satisfactoriamente. Y bien, ¿qué es la verdad? ¿Lo sabemos ahora, dos mil años después que la burlona pregunta fuera formulada en Jerusalén? ¿Enseñó Jesús la verdad que decía haber venido a enseñar? Creo que lo hizo para aquellos que tenían oídos para escuchar. Tal vez no enfatizó suficientemente el significado, mas ciertamente enfatizó la importancia de conocer y de vivir la verdad, puesto que dijo, “Si conocéis la verdad, la verdad os hará libres”.
La mayor parte de los hombres y las mujeres anhelan conocer la verdad acerca de su propio ser – quiénes son realmente y cuál es el propósito de su vida en la tierra. ¿Es que toda esta lucha y empeño termina en nada, o es que algún destino importante, feliz, espera al final de este largo camino, de este viaje aparentemente insensato de dolor y de placer? ¿Existe alguna fórmula para vivir que les conduzca con matemática precisión hasta la meta que les otorgue una satisfacción y felicidad permanentes?
Muchos hombres y mujeres han buscado por el mundo a un maestro sabio que les pueda dar las respuestas para tales cuestiones, que les revele la verdad del existir y les entregue una receta para vivir que les asegure la libertad y la alegría que ansían. Y bien, yo como uno de esos sadhakas errabundos, encontré finalmente al Uno, Bhagavan Sri Sathya Sai Baba. Sabía que había encontrado a mi maestro, pero no Le reconocí de inmediato como un hombre-dios o un Avatar.
Muy pronto, no obstante, Bhagavan Sri Sathya Sai Baba me dio las respuestas para la mayoría de mis principales interrogantes; los misterios que se mantienen, quedan probablemente más allá de mi entendimiento consciente. Me indicó que no había sino un propósito en mi vida, que era el de desarrollar y expandir mi conciencia, hasta que llegara a ser una con la Divina Conciencia de Dios y, así, ser una con el Ser Divino que se conoce por tantos nombres. No hay sino un Ser, me dijo, Uno sin un Segundo. En la tiniebla de nuestra ignorancia, pensamos que somos separados y que hay muchos miles de millones de otros seres, mas en verdad, no existe sino Un Ser. Era difícil el aceptar una declaración tan ilógica frente a la evidencia de mis sentidos. A lo largo de los años que he pasado en torno a Su Presencia física, comencé a realizar la verdad de esta declaración tan asombrosamente paradójica. Aunque tanto ustedes como yo vemos a muchos, tocamos a muchos, oímos a muchos, nos comunicamos con muchos, en verdad no existe sino Uno. Si esto es verdad, entonces, ciertamente, debemos ser parte del Uno.
Recuerdo que un buen día, hace algunos años, en el Ashram, estaba sentado en el pórtico del Mandir mientras Swami llamaba a Su presencia a una cantidad de niños que habían ingresado recién a Su escuela primaria. Él estaba de pie a quizás unos tres metros de donde me encontraba sentado. Recuerdo que le preguntó a cada niño dos cosas: su nombre y de donde era. Cada uno daba su nombre y su dirección en la India. Cada uno mostraba un enorme regocijo por estar en presencia de Swami, en tanto que un pequeñuelo, aunque era más chico que el resto, parecía ser el que lucía la mayor de las sonrisas. Dijo prontamente su nombre y cuando Swami preguntó, “¿De dónde vienes?”, replicó “De Ti, Swami”. El Señor Sai se sonrió también y dijo feliz, “Miren… aquí hay uno que sabe que es de Dios.”
Este chico no podía haber tenido más de seis años y, allí estaba yo, con sesenta y tantos y tratando aún de entender y de realizar que era de Dios – que, en verdad, todos lo somos. Entonces, provenimos de Dios y, sin embargo, seguimos siendo una parte integral Suya – el Ser Único; y, además, en el actual estado de nuestra conciencia humana, no nos damos cuenta de tener alguna conexión con Él; en cierto sentido, somos como el príncipe de la historia que fuera secuestrado de su hogar por una banda de forajidos. Creció con ellos y creyó que era uno de ellos; en verdad, no tenía idea de su identidad como miembro de la casa real – y no fue sino hasta muchos años después, cuando un vuelco de las circunstancias le trajo de regreso al hogar, que pudo darse cuenta de su verdadera identidad.
¿Debemos acaso volver a nuestro hogar espiritual antes de darnos cuenta de quienes somos? Por el contrario, pienso que debemos realizar nuestra identidad antes de que podamos volver. Y bien, si hemos venido de Dios, como lo declarara ese pequeñuelo y Swami lo aceptara, ¿cómo es que sucedió o pareciera haber sucedido esto?
Hay tres explicaciones principales planteadas por algunos de los grandes Rishis del pasado que entregaron sus comentarios sobre el Vedanta. Entre paréntesis, la palabra ‘Vedanta’ significa el fin de los ‘Vedas’, porque esta filosofía proviene de los Upanishads que se encuentran al final de cada ‘Veda’. La palabra ‘Upanishad’ significa que estas enseñanzas son para aquellos que se sientan cerca de los pies del Maestro. Ello implica que se sitúan más allá del entendimiento del hombre o mujer comunes. Los grandes sabios se empeñan por entenderlos, mas ¿tienen siempre éxito? Muy bien, brevemente, aquí están las tres explicaciones acerca de cómo pareciera haber una tal diversidad de vida cuando, en verdad, no puede haber sino unicidad o unidad.
En pocas palabras, la primera explicación es que Dios, a través de Su shakti creó un maya o ilusión en la que nos vemos a nosotros mismos como separados, cuando, en realidad, todos somos sólo uno. Esto es llamado a veces ‘el sueño mortal’. Nuestra conciencia cotidiana en su estado de vigilia es, en realidad, un estado onírico y, sólo cuando despertemos de este sueño podremos ver la verdad de la unicidad; esto es lo que se denomina el Adwaitha Vedanta o la no-dualidad.
La segunda gran teoría entregada en el Vedanta es que siempre, a lo largo de la eternidad fuimos almas separadas, aunque parte del Dios único. La mejor analogía que se me ocurre para esto es la de la fruta del granado con sus muchas semillas dentro de la misma piel, todas formando parte de un fruto. Aún somos parte del fruto único o del Ser único sin un segundo, al que llamamos Dios. Nosotros, las semillas separadas, no somos conscientes o nos hemos olvidado de alguna manera de quienes somos.
La tercera de las grandes teorías es esta: El solo y único Dios creó o emanó desde Sí Mismo a la miríada de almas separadas, ellas son parte de Su aliento mismo, de Su esencia, como lo declara el Viejo Testamento de los Hebreos; y para toda la eternidad seguirán separadas de su creador, vale decir, separadas en cuanto a la forma, en tanto que son unas con Dios en cuanto a espíritu o esencia. Esta comprensión particular del Vedanta parece constituir la base de algunas de las grandes religiones del mundo. Por alguna razón conocida sólo por Dios Mismo, las almas separadas en este mundo nacen en la gran ilusión de creerse separadas o aparte de Dios. Esta equivocada creencia de ser algo aparte del Uno representa el ‘pecado original’, o error del que emanan todos los demás errores. Cuando, a través de la disciplina de la formación espiritual llegamos a entender y a realizar que, aunque separados aparentemente en la forma, somos en esencia y verdad uno con Dios y entre nosotros, entonces llegamos al Reino de los Cielos que, simplemente es el estado de Amor Divino, o el sentimiento de unicidad con todo. Sathya Sai Baba cuyas enseñanzas se alinean con las principales enseñanzas del Vedanta, junto con el amor que despierta en cada corazón espiritual, no ha dicho – hasta donde yo sé – cual de estas tres explicaciones es la correcta. Puesto que todas ellas enseñan del Dios único y de nuestra eterna unicidad con Él, tal vez no sean importantes las teorías de la creación.
Aunque las enseñanzas de Sai han lanzado una gran cantidad de gozosa luz sobre tan fundamentales cuestiones como la de de dónde venimos, quienes somos realmente y el propósito de nuestro largo viaje a través de esta escuela de la tierra, me parece que queda aún en suspenso una gran interrogante. Ella es la de ¿por qué tenemos que venir a la tierra con una amnesia total respecto a nuestra unidad con el Divino Único o – mirando el asunto desde una óptica evolutiva – por qué tenemos que comenzar el viaje en el reino mineral con sólo un asomo de conciencia?
¿Por qué hemos tenido que desarrollar esa conciencia a través de la vida en los reinos vegetal y animal antes de llegar a la etapa humana, y luego seguir esforzándonos por ascender en la escala evolutiva hasta que alcancemos la conciencia divina? Siendo que Dios es Chit o Concienciación Absoluta y se ha enseñado que nosotros, cada uno de nosotros, es plenamente Dios, ¿por qué la necesidad del largo ascenso a lo largo de eones de tiempo, desde el asomo de conciencia en el mineral hasta la conciencia plena del hombre que ha realizado a Dios? En pocas palabras, lo que los Maestros llaman ‘el viaje por necesidad’, ¿por qué era realmente necesario?
Tal vez esta es una de las interrogantes que, en los términos de Paramahamsa Yogananda “serán dejadas para la eternidad”, o tal vez, cuando hayamos alcanzado esa adultez de conciencia en cuantos individuos realizados en Dios, sabremos la respuesta.

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